El hasta ahora secretario general de las Juventudes Socialistas abandona la Comisión Gestora con una carta demoledora en la que acusa al órgano de falta de neutralidad, de silenciar a la militancia y de haber encumbrado a Javier Rodríguez Palacios sin el refrendo de las bases.
La crisis interna del PSOE de Alcalá de Henares ha vuelto a estallar. Santiago Alonso Alonso, secretario general de las Juventudes Socialistas de la ciudad y uno de los cinco integrantes de la Comisión Gestora que dirige el partido desde el pasado 7 de marzo, ha presentado su dimisión formal ante la Secretaría de Organización del PSOE de Madrid. No se trata de una salida por motivos personales ni de una decisión improvisada. En una carta de cuatro folios, Alonso desgrana los cuatro motivos que le han llevado a abandonar el órgano provisional, y el retrato que dibuja es el de una gestora que, a su juicio, ha incumplido el mandato para el que fue creada.
El escrito, adelantado por El Complutense y confirmado por Dream Alcalá y El Puerta, sitúa el foco en una cuestión que vertebra todo el conflicto: la designación de Javier Rodríguez Palacios como candidato a la Alcaldía sin primarias. Alonso sostiene que la prolongación de la provisionalidad «ha contribuido a la designación de un candidato a la Alcaldía sin el refrendo de los militantes». La Comisión Federal de Listas del PSOE «excepcionó» la celebración de primarias y eligió directamente al exalcalde, una decisión que la gestora comunicó oficialmente a la militancia el pasado 5 de septiembre.
Cinco reuniones en seis meses: el primer reproche
La primera acusación de Alonso es de negligencia. La Comisión Gestora se constituyó el 7 de marzo y, desde entonces, se ha reunido en cinco ocasiones. Para el dimisionario, esa frecuencia es «claramente insuficiente» para una agrupación de la dimensión de la alcalaína, una de las más potentes de la Federación Socialista Madrileña. La constitución del órgano se produjo tras la dimisión del anterior secretario general, Javier Rodríguez Palacios, quien acusó a su secretario de Organización, Enrique Nogués, de afiliación fraudulenta, desencadenando una guerra abierta en el seno del partido.
A esa escasa actividad interna, Alonso suma la relación con el Grupo Municipal Socialista. Según detalla en su carta, desde la constitución de la gestora solo se ha celebrado una reunión con los concejales socialistas, el pasado 20 de marzo. La paradoja es evidente: el órgano llamado a normalizar el partido mantuvo más contacto con las bases en los primeros días que en los seis meses siguientes.
Seis meses sin escuchar a la militancia
El segundo gran eje de la dimisión es la relación con los afiliados. Alonso denuncia que desde marzo «no se ha establecido ningún foro ni se ha realizado una convocatoria abierta a la militancia» para escuchar su opinión sobre el estado de la agrupación. La crítica adquiere una dimensión simbólica cuando se pone en relación con el cierre de la Casa del Pueblo. La sede socialista ha permanecido cerrada durante meses con la excusa de reparar «determinados desperfectos», pero Alonso cuestiona esa versión: los problemas «existían desde hacía años» sin haber impedido anteriormente el uso habitual de la sede.
El tercer motivo es la falta de neutralidad que atribuye al órgano. Y el cuarto, las deficiencias en su funcionamiento interno, que Alonso concreta en un episodio que ya denunció internamente el pasado 20 de mayo. Según su relato, durante aquel mes determinados militantes recibieron llamadas para convocarlos a reuniones en días laborables y fuera de Alcalá de Henares, sin que se les explicara previamente el objeto de esos encuentros. Alonso sostiene que esas llamadas fueron realizadas por personas que «no estaban autorizadas a acceder a los datos personales ni al censo de militantes», y que el conjunto de la gestora tampoco fue informado previamente de esos contactos.
El trasfondo: una guerra civil que se remonta a febrero
La dimisión de Alonso no es un hecho aislado, sino el último capítulo de una fractura que lleva meses gestándose. El PSOE de Alcalá de Henares arrastra una división profunda desde que Rodríguez Palacios dimitiera como secretario general en febrero de 2026 en medio de un escándalo interno que incluyó la filtración de una fotografía suya con una bailarina erótica. La gestora se constituyó en marzo con cinco nombres: la diputada Cristina González como presidenta, el alcalde de Coslada Ángel Viveros, la secretaria de Movimientos Sociales Laura Abellá, la concejala Diana Díaz y el propio Santiago Alonso.
Desde entonces, el partido se ha dividido en dos bloques: los afines al exalcalde y el sector crítico encabezado por Enrique Nogués, Miguel Castillejo y Alberto González, conocido como ‘Militantes por primarias’. Este grupo presentó el pasado mes de julio el proyecto ‘Es el momento’, con el que anunciaron que concurrirían a unas primarias para elegir candidato de cara a las elecciones de mayo de 2027. La decisión de la Comisión Federal de Listas de saltarse esas primarias y designar directamente a Rodríguez Palacios fue el detonante final para que Alonso, que forma parte de ese sector crítico, haya decidido romper su vinculación con la gestora.
El calendario de una dimisión anunciada
La dimisión se produce, además, en un momento especialmente delicado. Apenas cinco días antes de que Alonso presentara su carta, la gestora había comunicado oficialmente a la militancia la designación de Rodríguez Palacios como candidato. La coincidencia no es casual. Alonso había denunciado internamente en mayo las llamadas irregulares a militantes y la falta de transparencia en el proceso. Su salida seis meses después de la constitución de la gestora responde, según fuentes del sector crítico, a la constatación de que el órgano «no ha servido para normalizar la agrupación, sino para consolidar una candidatura impuesta desde arriba».
El PSOE de Alcalá de Henares afronta ahora un curso político que debía servir para reconstruir el partido de cara a 2027 y que, en cambio, arranca con una gestora tocada, una militancia sin voz y un candidato designado a dedo. La pregunta que sobrevuela la agrupación complutense ya no es si habrá más dimisiones, sino cuánto tiempo puede sostenerse un órgano provisional que, seis meses después de su constitución, sigue sin fecha para dejar de serlo.

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