27 de agosto de 2026

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Vivas planta cara a Sánchez en Bruselas: llevará a la UE la «cara B» de la crisis de Ceuta que el Gobierno oculta

El presidente ceutí se reunirá con Metsola, Brunner y Weber para denunciar la «dejación» del Ejecutivo y reclamar más presión sobre Marruecos, mientras la ciudad sigue sumida en el caos con unos 9.000 migrantes en la calle


Juan Jesús Vivas no se queda de brazos cruzados. El presidente de la Ciudad Autónoma de Ceuta ha decidido dar un paso al frente y llevar la crisis migratoria que asola el territorio directamente a las instituciones europeas, en un movimiento que supone un desafío directo a la estrategia de silencio que, a su juicio, está manteniendo el Gobierno de Pedro Sánchez.

El dirigente popular ha confirmado que a partir del 8 de septiembre mantendrá una intensa agenda de reuniones en Bruselas con tres de los pesos pesados de la Unión Europea: el comisario de Interior y Migración, Magnus Brunner; la presidenta del Parlamento Europeo, Roberta Metsola; y el presidente del Partido Popular Europeo, Manfred Weber. El objetivo, según fuentes populares consultadas por este diario, es «contar en Europa lo que Sánchez no cuenta ni en España».

«Lo que el Gobierno no quiere que se sepa»

Vivas quiere transmitir a los líderes comunitarios el relato en primera persona de lo que está ocurriendo en Ceuta en toda su dimensión: desde las condiciones en las que se produjo la entrada masiva del 30 de julio, cuando unas 80.000 personas cruzaron la frontera desde Marruecos en apenas 48 horas, hasta la gestión caótica de la crisis por parte del Ejecutivo central.

El choque entre las autoridades ceutíes y el Gobierno de Sánchez es evidente. Mientras el Ministerio del Interior rebaja la cifra de migrantes que aún permanecen en la ciudad a unos 5.000, Vivas eleva la cifra a entre 8.000 y 11.000 personas que vagan por las calles en condiciones de insalubridad «absolutamente insostenibles». Una discrepancia que no es solo numérica, sino que refleja la profunda fractura entre ambas administraciones sobre la magnitud real del problema.

Ceuta, la frontera sur olvidada

La visita a Bruselas no es un gesto simbólico. Vivas busca concienciar a la Comisión Europea y al Parlamento Europeo de que Ceuta es la primera línea de la frontera sur de Europa y que necesita una mayor implicación de la Unión. El presidente ceutí reclamará más personal y medios para hacer frente al desafío de la inmigración irregular, así como una mayor presión diplomática sobre Marruecos para que refuerce su colaboración.

«Es una pena que tenga que ser la oposición en España o el Gobierno de Ceuta quien lleve la preocupación de todo el país hasta las instituciones comunitarias», lamentan fuentes de Génova, que ven en esta iniciativa una muestra de la «dejación» del Ejecutivo central a la hora de visibilizar en Europa la dimensión de la crisis.

Bruselas, atenta y dispuesta a ayudar

Desde el estallido de la crisis, Bruselas ha seguido de cerca la evolución de los acontecimientos. De hecho, el comisario Magnus Brunner, con quien se reunirá Vivas, ya anunció el pasado mes de julio que la UE estudia reforzar el control fronterizo en Ceuta, incluido el posible despliegue de Frontex, así como ayuda financiera adicional para España.

La agenda de Vivas también incluye un encuentro con Roberta Metsola, lo que permitirá al presidente ceutí llevar su denuncia directamente al pleno del Parlamento Europeo. El mensaje será claro: Ceuta no puede esperar, y la Unión Europea debe asumir su responsabilidad en la defensa de sus fronteras exteriores.

Un pulso que trasciende lo local

La ofensiva diplomática de Vivas no es solo una estrategia para aliviar la presión sobre Ceuta. Es también un pulso político al Gobierno de Pedro Sánchez, al que acusa de ocultar la gravedad de la situación para no asumir el coste político de una crisis que ya ha durado demasiado.

Mientras la ciudad autónoma sigue sumida en el caos, con los servicios públicos desbordados y la tensión social en aumento, Vivas se prepara para plantar cara en el corazón de Europa. Su mensaje a Sánchez es inequívoco: si el Gobierno no habla, lo hará él. Y Bruselas escuchará.

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