La periodista Alma Palomino aseguró en La Sexta que las fuentes policiales en la ciudad autónoma «descartan totalmente» el desplazamiento de colectivos de ultraderecha desde la Península, aunque advierten de la posible presencia de «agitadores individuales»
La jornada del sábado en Ceuta ha dejado una estampa contradictoria: mientras numerosos medios de comunicación daban por hecho la llegada de grupos ultras a la ciudad autónoma para infiltrarse en las protestas vecinales, fuentes de la Policía Nacional consultadas sobre el terreno han desmentido categóricamente esa versión. La periodista de Ceuta TV Alma Palomino, en directo durante el programa La Sexta Xplica, fue la encargada de transmitir el desmentido oficial: «Las informaciones que manejamos hasta el día de hoy, que nos han dado fuentes de Policía Nacional, es que descartan totalmente que hayan venido grupos ultras de fuera».
La aclaración llegaba después de que, a lo largo de la tarde, medios como La Sexta y Antena 3 vincularan la suspensión de una de las manifestaciones previstas en la ciudad con la supuesta presencia de colectivos de ultraderecha desplazados desde la Península. El relato había cobrado fuerza después de que los organizadores de una de las movilizaciones anunciaran su cancelación ante el temor de que personas violentas pudieran instrumentalizar la protesta.
La distinción clave: grupos organizados frente a agitadores individuales
Las mismas fuentes policiales, no obstante, introdujeron un matiz de gran relevancia. Si bien descartan la llegada organizada de colectivos ultras, sí alertan de la posible presencia de «agitadores individuales» en la ciudad. «Lo que avisan son de agitadores individuales, como hay en todos lados, en todas las ciudades y en todo el país», precisó Palomino.
La diferencia no es baladí. Que los organizadores de una protesta suspendan su convocatoria por miedo a que se produzcan incidentes violentos constituye un hecho informativo. Que esos grupos hayan llegado efectivamente a Ceuta es una afirmación de muy distinto calado que requiere confirmación independiente. Durante buena parte de la jornada, ambas cuestiones terminaron confundiéndose en el relato mediático.
Una manifestación pacífica pese a la suspensión
El desmentido policial se produjo después de que los vecinos de Ceuta volvieran a salir a la calle, desafiando la cancelación oficial de la convocatoria. La propia presentadora de La Sexta Xplica reconocía por la noche que las movilizaciones celebradas durante el día habían sido «absolutamente pacíficas». Según la información difundida por RTVE, unos 200 ceutíes participaron en una protesta pacífica contra la gestión del Gobierno central de la crisis migratoria, a pesar de que los convocantes habían suspendido la concentración prevista para calmar los ánimos y evitar episodios de violencia contra los migrantes.
La movilización espontánea comenzó en las Murallas Reales y avanzó hasta la glorieta situada junto al puesto fronterizo de El Tarajal, donde los participantes realizaron una sentada como acción simbólica. Durante el recorrido se escucharon consignas como «Ceuta no se vende, Ceuta se defiende» y «Un caballa nunca se rinde». La marcha transcurrió bajo la custodia de agentes de la Unidad de Intervención Policial (UIP) y, en algunos tramos, también de militares.
Palomino describió en directo el estado de ánimo de los vecinos: «Los ceutíes están muy cansados y están desesperados porque no ven soluciones, ni creen que las vayan a tener». Y resumió una de las expresiones que más había escuchado durante la jornada: «Solo el pueblo salva al pueblo».
El origen del relato y su cuestionamiento
La supuesta llegada de grupos ultras no era una invención sin fundamento. La decisión de los organizadores de suspender la convocatoria ante el temor de que personas violentas pudieran incorporarse a ella fue interpretada por varios medios como una confirmación de que esos grupos ya estaban en la ciudad. El salto de la advertencia a la certeza se produjo en cuestión de horas. Durante el día, la supuesta llegada de ultras se convirtió en noticia; por la noche, en la misma cadena que había informado sobre ella, una periodista desplazada en Ceuta comunicaba el desmentido policial.
El periódico digital The Objective, por su parte, informaba de que la manifestación había sido cancelada ante la llegada de grupos ultras a la ciudad autónoma, mientras que la agencia A24 recogía la decisión de los organizadores de suspender la movilización ante la posible presencia de grupos externos que podrían alentar la violencia. Los convocantes fueron tajantes en su comunicado: «No formaremos parte de ningún grupo que aliente la violencia, el odio o el racismo en nuestra ciudad».
La crisis de Ceuta en su contexto
La tensión que se vive en la ciudad autónoma no es nueva. Desde la entrada masiva de migrantes a finales de julio, Ceuta atraviesa semanas de creciente crispación social. El pasado viernes, centenares de personas volvieron a recorrer las calles para expresar su malestar por la crisis migratoria, en una protesta que transcurrió con un fuerte dispositivo policial.
El Observatorio Español del Racismo y la Xenofobia detectó 9.590 mensajes de odio en redes sociales en solo dos días, coincidiendo con la llegada masiva de migrantes. En este contexto, la decisión de cancelar la manifestación nocturna pretendía evitar que una movilización ciudadana pudiera ser utilizada por personas o grupos dispuestos a provocar nuevos incidentes.
Un balance de la jornada
Los acontecimientos del sábado dejan, por tanto, varias lecturas. Hubo organizadores que cancelaron una convocatoria por miedo a que aparecieran grupos violentos. Hubo medios que informaron sobre la supuesta llegada de esos grupos. Hubo ciudadanos que decidieron mantener las movilizaciones pese a la suspensión. Y hubo finalmente una protesta pacífica. Y, sobre el terreno, la Policía Nacional insiste en que no hay constancia de que colectivos ultras organizados hayan llegado a la ciudad.
La secuencia deja una pregunta en el aire: ¿cómo es posible que una misma cadena informara durante el día de la llegada de grupos ultras y, horas después, una periodista desplazada en Ceuta desmintiera esa información invocando fuentes policiales? La respuesta probablemente tenga más que ver con la confusión entre una advertencia legítima de los organizadores y la confirmación de los hechos que con una mala praxis intencionada. Pero la diferencia, como señala el análisis de los hechos, no es menor.

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