Dos pistolas listas para ser usadas en «operaciones cinéticas» fueron descubiertas en un bosque de Brandeburgo y vigiladas durante meses, aunque nadie acudió a recogerlas
Los agentes de seguridad alemanes llevaban meses siguiendo la pista. Y cuando la encontraron, lo que hallaron en aquel bosque de Brandeburgo, en las afueras de Berlín, parecía sacado de una película de espías. Un escondite excavado en la tierra, oculto entre la maleza, con dos armas de fuego listas para ser usadas. La Oficina Federal para la Protección de la Constitución (BfV) tiene pocas dudas: se trata de un «buzón muerto» preparado por agentes de los servicios secretos rusos para facilitar ataques en territorio alemán.
Un depósito «con contenido potencialmente mortal»
El hallazgo, que se produjo en el verano del año pasado pero que ha trascendido ahora gracias a las investigaciones conjuntas de las cadenas WDR, NDR y el diario Süddeutsche Zeitung, ha sido calificado por las autoridades como un «buzón muerto con contenido potencialmente mortal». En el argot de los servicios de inteligencia, un «buzón muerto» es un lugar secreto utilizado para intercambiar materiales o información sin que emisor y receptor tengan que encontrarse físicamente.
Dentro del depósito, los agentes encontraron dos armas cortas —pistolas o revólveres, según las fuentes consultadas— que los especialistas policiales manipularon en secreto para dejarlas inutilizables. Tras esa operación, instalaron localizadores GPS en cada una de ellas y devolvieron el arsenal a su escondite, manteniendo el lugar bajo vigilancia técnica durante meses. La estrategia era clara: esperar a que alguien acudiera a recogerlas para poder seguir su rastro.
Pero nadie apareció. El depósito, según fuentes internas citadas por los medios alemanes, se considera ahora «muerto». Es probable que los agentes rusos notaran algo, y la detención en Rumanía de un hombre presuntamente vinculado con el caso no debió pasar desapercibida.
«Operaciones cinéticas» bajo orden de Moscú
La investigación apunta a un escenario que mantiene en alerta a los servicios de seguridad europeos. Los investigadores están convencidos de que las armas fueron depositadas para que las recogieran agentes que, por encargo de Moscú, debían llevar a cabo las denominadas «operaciones cinéticas». Un término que en el lenguaje de los servicios de inteligencia alemanes se refiere a ataques físicos, actos de sabotaje o cualquier acción que implique el uso directo de la fuerza para degradar, neutralizar o destruir un objetivo.
El presidente de la BfV, Sinan Selen, ya había advertido hace meses de que Rusia podría estar planeando atentados en Alemania. Entre los posibles objetivos mencionó a directivos de la industria armamentística, opositores rusos exiliados y personas que apoyan a Ucrania. Las advertencias, que entonces podían parecer especulativas, han cobrado ahora una inquietante verosimilitud.
Una investigación que conecta con una campaña más amplia
La Fiscalía General alemana abrió una causa en noviembre por «preparación de un acto violento grave que pone en peligro la seguridad del Estado». Pero las pesquisas no se limitan a este hallazgo aislado. Las autoridades investigan posibles vínculos entre el depósito de armas y una campaña más amplia de sabotaje contra líneas logísticas ucranianas, presuntamente coordinada por Moscú.
El año pasado, las fuerzas de seguridad polacas detuvieron a varias personas que preparaban el envío de paquetes postales con artefactos incendiarios y detonadores activables a distancia, destinados a atacar aviones de carga y centros logísticos. Alemania registró incidentes similares, como el incendio de un contenedor de carga en las pistas del aeropuerto de Leipzig. En Varsovia, la Fiscalía confirmó que investiga a una red de ciudadanos reclutados por Moscú para ejecutar sabotajes bajo este mismo patrón operativo.
El silencio de la embajada rusa
Las consultas enviadas por los medios alemanes a la Embajada de Rusia en Berlín no han recibido respuesta por el momento. En ocasiones anteriores, la representación diplomática rusa ha calificado este tipo de acusaciones de «teorías conspirativas» y ha negado que Moscú lleve a cabo «ataques híbridos» contra Alemania.
La BfV, por su parte, se limita a recordar su política de no comentar públicamente asuntos relacionados con hallazgos o actividades específicas de inteligencia. Pero los hechos están ahí: dos pistolas en un bosque, un buzón muerto que nadie reclamó, y la sombra de Moscú planeando sobre una Europa que, casi tres décadas después del fin de la Guerra Fría, vuelve a temer que los espías anden sueltos en sus capitales.

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