23 de agosto de 2026

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El brote más letal de la historia cumple 100 días con más de 2.500 muertos y una expansión imparable

La epidemia, declarada el 15 de mayo en la provincia de Ituri, se ha convertido en el segundo mayor brote de ébola del mundo. La cepa Bundibugyo, sin vacuna eficaz probada, la violencia armada y el desplazamiento masivo de población convierten la respuesta en una carrera contrarreloj.

La República Democrática del Congo (RDC) cumple este domingo 100 días desde que declaró oficialmente el brote de ébola que ya se ha cobrado más de 2.500 vidas y ha infectado a más de 5.300 personas. Lo que comenzó como un foco en la remota provincia de Ituri, en el noreste del país, se ha convertido en la epidemia de ébola más mortífera de la historia de la RDC y la segunda más grave del mundo, solo por detrás del brote que asoló África Occidental entre 2014 y 2016.

El virus, que ha logrado extenderse a seis provincias —Ituri, Kivu Norte, Kivu Sur, Haut-Uélé, Tshopo y Bas-Uélé—, continúa avanzando a un ritmo que desborda la capacidad de respuesta. Según Naciones Unidas, la epidemia está «creciendo de forma exponencial», y la mitad de todos los fallecimientos se han registrado en las últimas tres semanas. El coordinador de la ONU para el ébola, Julien Harneis, ha advertido que «la epidemia se está extendiendo a un área más grande que Francia».

El brote real podría ser tres veces mayor

La magnitud real de la crisis podría ser aún más grave. El Centro Africano para el Control y la Prevención de Enfermedades (África CDC) ha alertado de que el número real de contagios podría ser hasta tres veces superior al registrado oficialmente. Según modelos epidemiológicos elaborados por el Instituto Nacional de Investigación Biomédica de la RDC en colaboración con el Imperial College de Londres, el número real de casos podría superar ya los 10.000 y alcanzar los 15.000.

Los expertos explican que la cepa Bundibugyo, responsable de este brote, provoca síntomas más leves y atípicos que la cepa Zaire, lo que dificulta la detección temprana de los casos. Actualmente, menos del 10% de los casos detectados se encuentran entre contactos conocidos, y menos del 40% tienen un vínculo epidemiológico con un caso confirmado.

Una vacuna con efectos inciertos

En un intento desesperado por contener la propagación, la RDC recibió el pasado viernes el primer cargamento de 16.520 dosis de la vacuna Ervebo. Se espera que en los próximos días lleguen las 70.000 dosis que el Grupo Internacional de Coordinación para el Suministro de Vacunas (ICG) ha autorizado para el país.

Sin embargo, la eficacia de esta vacuna contra la cepa Bundibugyo es incierta. Ervebo está autorizada y recomendada para brotes causados por el virus Zaire, pero no se sabe si puede proteger contra la cepa actual. Por ello, 20.000 de las dosis enviadas se destinarán a un ensayo clínico de fase 3 para evaluar su impacto real. Las 50.000 dosis restantes se reservarán para el personal sanitario y los trabajadores de primera línea.

El director general de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Tedros Adhanom Gebreyesus, ha explicado que las vacunas se emplearán en «programas adicionales de ensayos», ya que los tests clínicos solo concluyen que «los efectos secundarios graves de la vacuna son muy raros».

Violencia, desplazados y ataque a sanitarios

El contexto en el que se desarrolla esta epidemia es, según los expertos, «imposible». El epicentro del brote, la provincia de Ituri, es base de operaciones de las Fuerzas Democráticas Aliadas (FDA), uno de los grupos armados más violentos de África vinculado al Estado Islámico. Sus ataques, que dejan decenas de muertos cada semana, han provocado éxodos masivos que imposibilitan el seguimiento de la enfermedad. Muchos de estos desplazados terminan en la vecina región de Kivu, escenario de otro largo conflicto entre el Ejército congoleño y la milicia M23.

La violencia también se ceba con los trabajadores sanitarios. La ONU ha documentado aproximadamente 260 ataques contra personal médico, que han dejado al menos ocho trabajadores muertos. A estos se suman los 43 sanitarios que han fallecido a causa del propio virus. Ambulancias han sido quemadas o apedreadas, y centros de salud han sido atacados en algunas comunidades.

El coordinador de la ONU ha calificado las condiciones de trabajo de «brutales», citando la inseguridad, las carreteras en mal estado, los ataques a los trabajadores de primera línea y las dificultades para trasladar fondos a las zonas afectadas.

MSF exige una respuesta más rápida y flexible

Médicos Sin Fronteras (MSF), que opera seis centros de tratamiento del ébola con más de 400 camas —un tercio de todas las disponibles en la respuesta—, ha lanzado una alerta urgente. El doctor Javid Abdelmoneim, presidente internacional de la organización, ha advertido: «Esta epidemia sigue propagándose a un ritmo más rápido del que la respuesta puede controlar».

«Los centros de tratamiento siguen siendo esenciales para salvar vidas, pero esta respuesta necesita más que camas adicionales», ha añadido Abdelmoneim. «Lo que hace falta es una mejor detección, un aislamiento seguro para las personas enfermas y sus contactos, y apoyo para los trabajadores sanitarios».

MSF ha denunciado que más del 60% de las muertes por ébola se han producido fuera de los centros de tratamiento, lo que significa que muchas personas mueren en sus hogares o comunidades sin recibir atención, y el virus continúa propagándose antes de que los casos sean detectados.

La financiación, un problema adicional

La respuesta también se enfrenta a graves problemas de financiación. El coordinador de la ONU ha advertido que los fondos actuales «solo cubren las próximas semanas» y que «muy pronto se acabarán». «Cada retraso en la financiación y en la implementación hace que esta epidemia sea más mortal, más difícil de detener y más costosa», ha subrayado.

Harneis ha señalado que las organizaciones humanitarias que operan en la región han perdido más del 30% de su capacidad debido a los recortes en la ayuda durante los últimos dos años.

Una emergencia de alcance continental

La OMS declaró esta epidemia como una emergencia de salud pública de importancia internacional el mismo día en que se confirmó. El África CDC también la ha calificado como una emergencia de seguridad sanitaria continental.

Mientras la comunidad internacional se moviliza para reforzar la respuesta, la RDC se enfrenta a una realidad desoladora: el brote más letal de su historia continúa expandiéndose, y la carrera para detenerlo se libra contra un virus que no conoce fronteras, en un país desgarrado por la violencia y el desplazamiento. El mundo mira con preocupación mientras el reloj sigue corriendo.

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