La subvención directa a Casa Congo, una «surf house» con programas de sostenibilidad en El Astillero, se suma a las críticas por la falta de trazabilidad de los fondos que la Agencia Española de Cooperación reparte en Hispanoamérica
El Ministerio de Asuntos Exteriores que dirige José Manuel Albares ha vuelto a situar a la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID) en el centro de la polémica. Una subvención de 300.000 euros concedida directamente a Casa Congo, una organización con sede en la costa del Pacífico nicaragüense que combina proyectos de sostenibilidad con una actividad turística vinculada al surf, ha reavivado las sospechas sobre el destino real de los fondos públicos que España envía a organizaciones en el extranjero.
La concesión, registrada en el Sistema Nacional de Publicidad de Subvenciones y Ayudas Públicas (SNPSAP), se articuló en dos partidas —91.919 y 208.081 euros— que suman exactamente el presupuesto previsto en la convocatoria «NICARAGUA 2026. Soluciones de economía circular en comunidades costeras de Tola». La ficha oficial la califica como una «concesión directa – instrumental» y define el instrumento como una «subvención y entrega dineraria sin contraprestación», una fórmula jurídica que, según los críticos con la gestión de la AECID, dificulta la fiscalización del gasto.
Una «surf house» con fondos públicos
Casa Congo se presenta en su propia página web como una organización sin ánimo de lucro, una «surf house» y un centro de sostenibilidad situado en El Astillero, en el municipio de Tola. La organización forma parte de un ecosistema de entidades que, según su propia descripción, recibe a surfistas internacionales y ofrece estancias, retiros y experiencias relacionadas con este deporte, además de desarrollar programas de agroecología, conservación de tortugas marinas y construcción sostenible con bambú.
El proyecto financiado por la AECID se enmarca en la convocatoria de economía circular para comunidades costeras de Tola, y la ficha de la BDNS clasifica la finalidad del gasto como «fomento del empleo». Sin embargo, la propia naturaleza de la entidad —una «surf house» que alquila estancias y organiza retiros— plantea interrogantes sobre la frontera entre la actividad de desarrollo comunitario y la explotación turística que la organización desarrolla en paralelo.
El historial de opacidad de la AECID
La subvención a Casa Congo no es un caso aislado. El exdiputado de Ciudadanos Pablo Cambronero lleva años investigando las concesiones de la AECID y sostiene que «desde 2020 podrían estar en tela de juicio aproximadamente 1,6 millones de euros» de subvenciones cuya trazabilidad y transparencia no son claras. Según sus indagaciones, «cuando el dinero sale de España se le pierde la pista, también por el Tribunal de Cuentas Español».
Cambronero, que ha analizado la base de datos de subvenciones del Ministerio de Hacienda, advierte de que muchas partidas de las que reparte la AECID «no parecían llegar a sus destinos o, si llegaban, no se certificaba el uso efectivo del dinero público enviado». Su investigación señala específicamente a países como Nicaragua, Bolivia, Venezuela, Colombia y Cuba como destinos recurrentes de ayudas millonarias dirigidas a entidades públicas de esos países.
El exdiputado ha denunciado también que la AECID utiliza de forma sistemática la figura de las «ayudas dinerarias sin contraprestación», una fórmula jurídica «curiosa» que, a su juicio, se traduce en «sin control». «Pensaba que me iba a encontrar con la cueva de Ali Babá pero me ha sorprendido para mayor: se pagan muchos favores políticos con una agencia que debería dedicarse a la ayuda humanitaria», ha declarado Cambronero.
Nicaragua: un destino incómodo para la cooperación española
La concesión a Casa Congo adquiere una dimensión adicional por el contexto político nicaragüense. El régimen de Daniel Ortega ha sido objeto de crecientes críticas internacionales por la represión política, el cierre de espacios democráticos y las violaciones de derechos humanos documentadas por organismos internacionales. La oposición nicaragüense en el exilio ha expresado públicamente su «sorpresa y preocupación» por la reunión entre Albares y el canciller nicaragüense, Denis Moncada, y ha pedido a España que no legitime al régimen invitándolo a la Cumbre Iberoamericana.
La expulsión del embajador español en Managua y de varios cooperantes españoles en enero de este año supuso un punto de máxima tensión diplomática entre Madrid y Managua, un episodio que, lejos de resolverse, ha dejado una relación bilateral marcada por la desconfianza y la falta de interlocución institucional. En este contexto, la concesión de 300.000 euros a una entidad que opera en territorio nicaragüense plantea dudas sobre los mecanismos de control que Exteriores aplica para garantizar que los fondos públicos no acaben beneficiando a estructuras vinculadas al régimen o a proyectos alejados de los objetivos de cooperación declarados.
La sombra del caso Barcelona-Congo
La polémica por el destino de los fondos de cooperación no es exclusiva de la AECID. El acuerdo de patrocinio entre el FC Barcelona y el gobierno de la República Democrática del Congo, que incluía la creación de una «Casa Congo» en el nuevo Camp Nou, ha sido objeto de críticas por parte de la oposición en España y en el propio país africano, que lo consideran un «desperdicio de dinero» en un contexto de crisis humanitaria y falta de infraestructuras. La coincidencia nominal entre el proyecto congoleño y la organización nicaragüense subvencionada por Exteriores —ambas bajo el paraguas de la marca «Casa Congo»— añade un elemento de confusión que los críticos con la política de cooperación del Gobierno utilizan para cuestionar la coherencia y el rigor de las decisiones de la AECID.
Mientras Exteriores mantiene un perfil bajo sobre esta concesión, la pregunta que sobrevuela es la misma que Cambronero lleva meses planteando en foros y medios: ¿dónde acaba realmente el dinero de los contribuyentes españoles cuando sale de las fronteras de España? La subvención a Casa Congo, por ahora, no tiene una respuesta clara.

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