11 de septiembre de 2026

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El taller de la muerte que abastecía a los sicarios: un exmilitar ruso transformaba armas de fogueo en Badajoz y Girona

La Policía Nacional desmantela uno de los mayores arsenales clandestinos de España: 644 armas, 220 ya letales, valoradas en cinco millones de euros y destinadas a bandas de narcos y secuestradores. La trama operaba desde un trastero en Figueres y enviaba el material por mensajería a Badajoz con identidades robadas

La rutina de un centro de clasificación de paquetería en Badajoz ocultaba una de las redes de tráfico de armas más sofisticadas desarticuladas en España en los últimos años. No eran envíos convencionales. Detrás de cada caja con remitente falso y destinatario suplantado había un taller clandestino en Figueres, un exmilitar ruso con conocimientos de armería y una organización que, según los investigadores, estaba especializada en abastecer a bandas de narcotraficantes y grupos dedicados a secuestros. La operación, coordinada por la Policía Nacional y Vigilancia Aduanera, se ha saldado con siete detenidos —tres de ellos en Badajoz— y la incautación de 644 armas de fuego, de las cuales más de 220 ya habían sido transformadas para disparar munición real. El valor estimado del arsenal en el mercado negro ronda los cinco millones de euros.

El eslabón extremeño: un paquete que lo cambió todo

La investigación arrancó a principios de 2026, cuando los agentes detectaron un patrón sospechoso en una serie de envíos procedentes de distintos puntos de la Comunidad Valenciana. Los paquetes compartían características similares en peso y presentación, y tanto remitentes como destinatarios utilizaban identidades ficticias o suplantadas. El 11 de junio, la trama dio su primer paso en falso. Un envío remitido desde Benidorm con destino a una empresa de paquetería de Badajoz fue interceptado. En su interior, los agentes hallaron un subfusil del calibre 9 milímetros Parabellum con culata retráctil, una pistola del calibre .380, un cargador cilíndrico de alta capacidad y un silenciador.

El receptor del paquete fue detenido de inmediato. En registros simultáneos en varios domicilios de la capital pacense, los investigadores intervinieron otras siete pistolas, un segundo silenciador, 4.610 euros en efectivo y 3.355 euros en billetes presuntamente falsos. Todas las armas presentaban los números de serie borrados y manipulaciones en sus mecanismos, lo que las hacía ilegales incluso para su venta en el mercado reglado. Aquella primera fase se cerró con tres detenidos —dos hombres de 30 y 46 años y una mujer de 46—, y el principal investigado ingresó en prisión por orden judicial.

Pero aquel no era el final de la cadena. Era el eslabón que permitió a los investigadores ascender hasta la cúpula.

Un exmilitar ruso y un taller en Figueres

Las pesquisas condujeron primero a Valencia, donde el 29 de junio fue detenido un intermediario que transportaba un rifle y una pistola semiautomática ocultos en una caleta practicada en la guantera de su vehículo. En el registro de su vivienda aparecieron además una pistola perteneciente al ejército alemán y una escopeta. La pista continuó hacia Girona.

En L’Escala, los agentes localizaron al principal proveedor y remitente de los envíos. Y en Figueres, en un trastero convertido en taller clandestino, encontraron al hombre que daba forma al arsenal: un experto armero que, según la investigación, había adquirido sus conocimientos técnicos durante su paso por el ejército ruso. Su función no era solo almacenar. Transformaba armas de fogueo y de trauma —originalmente diseñadas para lanzar proyectiles inocuos— en armas capaces de disparar munición real. También fabricaba cartuchos recargados. Todo el material se acumulaba en un espacio que, desde fuera, parecía un simple trastero.

El 25 de agosto, un nuevo paquete interceptado —esta vez con destino a Alzira y con un subfusil de número de serie borrado en su interior— permitió a los investigadores solicitar la autorización judicial para entrar en el trastero de Figueres y en la vivienda de L’Escala. Lo que encontraron superó las expectativas: 631 armas en el trastero, a las que se sumaron las intervenidas en las fases anteriores, miles de cartuchos, numerosos silenciadores, cañones, armazones prohibidos y un rifle con mira óptica que había sido sustraído previamente en Valencia.

El nexo Badajoz-Girona: ajustes de cuentas bajo la lupa

La conexión entre el taller catalán y la capital pacense no es un detalle menor. Badajoz ha registrado en los últimos meses un repunte de episodios violentos vinculados a ajustes de cuentas entre bandas, y la investigación trata ahora de determinar si parte del armamento incautado en Girona acabó en las calles de la ciudad extremeña. El delegado del Gobierno en Extremadura, José Luis Quintana, ha sido cauto: «Son conclusiones que ahora no pueden determinarse, pues a lo mejor no es el caso», ha declarado, recordando que las pruebas balísticas pueden tardar meses en arrojar resultados concluyentes. Lo que sí está confirmado es que la rama extremeña de la organización se dedicaba a la recepción y distribución del material, y que las armas intervenidas en Badajoz presentaban manipulaciones idénticas a las del arsenal catalán.

La operación, que los investigadores consideran cerrada en su fase principal, ha permitido también identificar el modus operandi de la red: envíos mediante empresas de paquetería, con identidades robadas, direcciones falsas y teléfonos a nombre de terceros. Los receptores recogían los paquetes en lugares previamente elegidos de la vía pública y los mezclaban después con otros envíos en el almacén donde trabajaban, mimetizándolos entre la correspondencia convencional.

Un golpe al corazón del mercado negro de armas

El delegado del Gobierno en Cataluña, Carlos Prieto, ha puesto en valor el «éxito del dispositivo» y el impacto de la operación sobre las estructuras criminales que operan en España. No en vano, el principal responsable del taller de Figueres está catalogado como un objetivo de alto valor para la Unión Europea. La última detención se practicó en Barcelona el pasado 31 de agosto: se trata del encargado de transportar las armas entre Alicante y Cataluña.

La investigación sigue abierta. Los agentes tratan ahora de determinar el alcance completo de la organización y la destinación final de las armas que no fueron interceptadas. Lo que ya es una certeza es que, durante meses, un trastero en Figueres funcionó como una fábrica de letalidad al servicio del crimen organizado, y que Badajoz fue uno de sus principales puntos de entrega. La pregunta que queda por responder es cuántos de esos proyectiles acabaron en las calles antes de que la Policía cerrara el taller.

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