Mientras la cadena de Juan Roig aclara que sus anchoas se envasan en Marruecos porque «la materia prima es del Cantábrico», la extensión de Chrome creada por Javier Cañada supera las 160.000 visualizaciones y desata un pulso entre el consumo patriótico y la trazabilidad real de los alimentos
El pasado 9 de septiembre, el diseñador Javier Cañada publicó un mensaje en X que en pocas horas superó los 3.600 «me gusta» y las 160.000 visualizaciones. En él anunciaba que había creado una extensión para Chrome llamada Mercabien que avisa al consumidor, con un código de color, cuándo un producto de la tienda online de Mercadona es de origen marroquí o sospechoso de serlo. La herramienta, que él mismo describe como «Mercadona sí, Marruecos no», se instala manualmente fuera de la Chrome Web Store y opera exclusivamente sobre el catálogo digital de la cadena valenciana.
El funcionamiento es mecánicamente simple y políticamente explosivo. Mercabien coloca una etiqueta sobre la foto de cada producto en los resultados de búsqueda: rojo para los que identifica como marroquíes, naranja para los de «origen dudoso», verde para España o para países con origen claramente declarado, y sin etiqueta para los que no tienen datos suficientes. Al entrar en la ficha del producto, un recuadro adicional muestra la información exacta —el texto leído en la etiqueta o la dirección del fabricante en Tetuán— que justifica la clasificación. En la versión que Cañada mostró al presentar el proyecto, la herramienta había catalogado 25 productos como marroquíes, 234 como de origen dudoso, 1.124 como españoles y 559 con un origen considerado claro, mientras que otros 2.366 permanecían sin datos.
El código 611 y la trampa de los códigos de barras
Mercabien no se apoya en los códigos de barras, y ese es uno de sus aciertos técnicos. En las redes sociales circula con frecuencia la idea de que el prefijo 611 identifica a los productos marroquíes, pero se trata de un error. El 611 es el prefijo correspondiente a los códigos asignados por GS1 Marruecos, pero no acredita que el producto haya sido cultivado, fabricado o elaborado en ese país. Un producto envasado en España con materia prima marroquí puede llevar un código de barras español, y viceversa.
La herramienta de Cañada va más allá del código de barras y cruza la información de la ficha online con la lectura automática de las fotos de las etiquetas traseras, donde se indica el país de origen o el lugar de elaboración. El criterio que aplica es estricto: marca Marruecos si ese país aparece como origen, lugar de elaboración o dirección del fabricante; cataloga como «origen dudoso» cuando la procedencia es vaga —»UE y no UE», «ver envase» o ingredientes de importación masiva sin declarar—; y solo etiqueta España cuando el origen de la materia prima está claramente declarado en territorio español.
El caso de las anchoas: la polémica que lo empezó todo
La polémica que sirvió de catalizador para Mercabien tiene nombre y apellidos: las anchoas Hacendado. En marzo de 2026, un usuario de X compartió la foto de un pack de filetes de anchoa en aceite de girasol en cuyo etiquetado se leía «Producto elaborado en Marruecos». El tuit, que no había tenido mucha difusión inicial, desató una tormenta cuando Mercadona salió a aclarar la situación. La compañía explicó que sus anchoas son envasadas en una planta de Marruecos que tiene su proveedor Francisco Gil Comes, una empresa de Vinaròs (Castellón), y que la normativa de etiquetado obliga a indicar el lugar de envasado independientemente del origen de la materia prima. «Trabajamos con diferentes orígenes —Cantábrico, Marruecos, Mediterráneo— dependiendo de la capacidad de pesca en las zonas de captura, así como la temporada del año», zanjó la firma valenciana.
La explicación, lejos de calmar los ánimos, añadió leña al fuego. Para una parte del público, la distinción entre «materia prima del Cantábrico» y «envasado en Marruecos» era un tecnicismo que no resolvía la pregunta de fondo: ¿por qué una empresa que se presenta como española envasa en Marruecos lo que podría envasar en Vinaròs? Para Mercadona, la respuesta es de pura eficiencia logística: la planta marroquí de su proveedor ofrece la capacidad y los costes que la planta española no puede cubrir en temporada alta.
El contexto de Ceuta y un boicot que ya no es espontáneo
El lanzamiento de Mercabien no se entiende sin el clima político que siguió a la entrada masiva de migrantes en Ceuta el pasado 30 de julio. Desde entonces, la crisis migratoria ha reavivado el debate sobre un boicot a los productos marroquíes que antes se limitaba a las reivindicaciones del sector agrícola y que ahora se ha extendido a gran parte del espectro político, desde Vox y el PP hasta Podemos y Sumar. Los datos de Google Trends confirman un pico de búsquedas relacionadas con «boicot productos Marruecos» y «código de barras 611» desde primeros de agosto.
En ese contexto, la extensión de Cañada ha funcionado como un catalizador tecnológico. No obliga al consumidor a consultar una base de datos separada: superpone las indicaciones sobre el propio catálogo de Mercadona mientras navega por los productos. Y su tono es explícito: «Me gusta comprar en Mercadona, pero las recientes agresiones de Marruecos a la soberanía española, y en especial la invasión de Ceuta, hacen que quiera tener claro qué productos proceden de ese país para decidir en consecuencia», escribe Cañada en la página de descarga.
Una herramienta que no lee el carrito ni envía datos
Uno de los argumentos que Cañada utiliza para defender su herramienta es el de la privacidad. Mercabien no pide cuenta, no lee el carrito ni envía datos: todo se procesa en el propio ordenador del usuario. La extensión todavía no está disponible en la Chrome Web Store y se instala en modo desarrollador descargando un archivo comprimido, descomprimiéndolo y cargándolo desde el menú de extensiones del navegador. Cañada ha anunciado que está en revisión para su incorporación a la tienda oficial de Google, y ya ha recibido peticiones de usuarios para crear versiones equivalentes para Carrefour, Dia y otras cadenas de supermercados.
El trasfondo: Mercadona, el proveedor español y el proveedor marroquí
La polémica de Mercabien ha reabierto un debate más amplio sobre la política de compras de Mercadona. La compañía presidida por Juan Roig presume de priorizar el producto nacional: en 2026 prevé comercializar más de 14 millones de kilos de aguacate español, un 18% más que el año anterior, procedente de proveedores como Trops, Surfruit y Avocoop. También colabora con nueve proveedores españoles de patata y ha apostado por el productor nacional en sandías y otros productos de temporada. Sin embargo, cuando la producción española no cubre la demanda, recurre a la importación: Marruecos fue el principal proveedor de aguacate de España en el primer trimestre del año pasado, seguido de Portugal, Perú, Colombia, Chile y Países Bajos.
Organizaciones agrarias como COAG han denunciado en repetidas ocasiones que Mercadona vende tomate marroquí «disfrazado» de español, señalando que el etiquetado de tomates cherry con la marca «Campos de Granada» induce a confusión y desplaza al producto local. Y en marzo de este año, un informe crítico sostuvo que la cadena había retirado 1.800 productos españoles de sus lineales, sustituyéndolos por espárragos chinos, azúcar portugués y judías y tomates marroquíes, además de importar aceite de oliva Hacendado de Marruecos y envasarlo en Portugal. Mercadona no ha desmentido estas informaciones ni ha emprendido acciones legales contra sus promotores.
El pulso que viene: entre la trazabilidad y el patriotismo de consumo
La extensión de Cañada pone el dedo en una herida que trasciende a Mercadona. El etiquetado europeo actual obliga a indicar el lugar de envasado, pero no siempre el origen de la materia prima, lo que genera una zona gris donde el consumidor no puede saber con certeza si lo que compra es español, marroquí o una mezcla de ambos. Mercabien no resuelve esa ambigüedad normativa, pero la hace visible: cada etiqueta naranja de «origen dudoso» es un recordatorio de que el sistema de trazabilidad tiene más agujeros de los que la industria reconoce.
La herramienta tampoco está exenta de críticas. La clasificación de un producto como «marroquí» por el hecho de que su fabricante tenga dirección en Tetuán, aunque la materia prima sea del Cantábrico, es una decisión editorial que Cañada asume y explica, pero que algunos consideran injusta. La propia Mercadona ha insistido en que sus anchoas «son del Cantábrico» y que el envasado en Marruecos responde a una lógica de capacidad industrial, no a una elección de origen.
Lo que Mercabien mide, en realidad, no es solo el origen de los productos. Mide la desconfianza de una parte del consumidor español hacia una empresa que durante décadas ha construido su marca sobre la promesa de lo cercano, lo español y lo asequible. Y esa desconfianza, una vez activada, no se desactiva con un comunicado de prensa.

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