10 de septiembre de 2026

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Defensa inyecta 30 millones en los peñones ante la amenaza de una «guerra híbrida» de Marruecos en plena campaña electoral

El Ministerio refuerza la vigilancia en Vélez de la Gomera, Alhucemas y Chafarinas con nuevos grupos electrógenos y sistemas de radar, mientras la inteligencia advierte de que el nacionalismo territorial marroquí busca capitalizar las elecciones del 23-S para desestabilizar los enclaves.

El Ministerio de Defensa no solo ha incrementado la vigilancia en los peñones de Vélez de la Gomera, Alhucemas y las islas Chafarinas ante el temor a una acción inminente, sino que ha puesto en marcha un ambicioso plan de modernización de sus infraestructuras con una inversión que supera los 30 millones de euros. El objetivo, según fuentes del departamento que dirige Margarita Robles, es blindar estos enclaves frente a lo que los servicios de inteligencia ya califican como una «guerra híbrida» por parte de Marruecos, en la que el componente propagandístico y las acciones de agitación nacionalista precederían a cualquier intento de ocupación simbólica.

La decisión, adoptada en coordinación con la empresa pública Tragsa, incluye la licitación de nuevos grupos electrógenos de alta capacidad, repartidos equitativamente entre los tres enclaves, así como la instalación de sistemas de autoabastecimiento de agua y sensores de última generación. Estas mejoras buscan garantizar la autosuficiencia de las guarniciones, compuestas por entre 30 y 50 militares del Ejército de Tierra, ante cualquier eventualidad que pudiera interrumpir el suministro desde la Península. Además, efectivos del Regimiento de Transmisiones número 22 han actualizado los mástiles telescópicos que albergan cámaras de vigilancia y sistemas de radar para mejorar la capacidad de detección temprana.

Vélez de la Gomera, la «frontera más pequeña» y el punto más vulnerable

Entre los tres enclaves, el peñón de Vélez de la Gomera concentra las mayores preocupaciones. Esta antigua isla, unida al continente marroquí por un istmo de arena de apenas 85 metros desde el terremoto de 1934, constituye la frontera terrestre más pequeña del mundo. Su accesibilidad la convierte en el objetivo más probable para cualquier acción de tipo simbólico o de ocupación temporal. No en vano, ya fue escenario en agosto de 2012 de una incursión de activistas del Comité de Coordinación para la Liberación de Ceuta y Melilla, liderados por el exsenador y exalcalde de Beni Enzar, Yahya Yahya, quien logró instalar banderas marroquíes en el enclave antes de la intervención militar española.

Según ha trascendido, la organización de Yahya Yahya ha vuelto a fijar su atención en el mismo peñón, anunciando una «marcha pacífica» sin fecha ni hora concretadas, aunque los servicios de inteligencia españoles manejan la hipótesis de que podría materializarse en los próximos días, coincidiendo con la campaña electoral. El temor a que este tipo de acciones se repitan ha llevado a Defensa a extremar las patrullas marítimas en la zona.

Contexto electoral: el nacionalismo territorial como arma política

El momento elegido no es casual. Marruecos celebrará elecciones legislativas el próximo 23 de septiembre, y diversos partidos de la oposición han introducido en sus mítines la reivindicación de Ceuta, Melilla y las plazas de soberanía española. Esta retórica nacionalista, que busca movilizar al electorado, ha sido interpretada por el Gobierno español como un factor de riesgo añadido.

En este contexto, las redes sociales marroquíes han activado una «marcha de la ira» para el próximo 20 de septiembre, convocada contra la embajada española en Rabat y acompañada de consignas que reclaman la «liberación» de los territorios españoles en el norte de África. Aunque la convocatoria no especifica un objetivo operativo claro, su ambigüedad permite que pueda interpretarse como una señal para activar desplazamientos hacia la frontera de Ceuta, tal y como ocurrió el pasado 30 de julio.

El precedente de Ceuta y la estrategia de presión

El refuerzo de los peñones se produce después de que la Audiencia Nacional abriera una investigación para determinar si Marruecos estuvo detrás de la entrada masiva de 80.000 personas en Ceuta en apenas 48 horas. Los informes del Centro Nacional de Inmigración y Fronteras (CENIF) ya advirtieron entonces de que la avalancha fue alentada por mensajes difundidos en redes y por una vigilancia fronteriza «permisiva» durante varias horas por parte de las fuerzas marroquíes.

Ahora, el temor es que Marruecos repita una estrategia similar pero escalando el conflicto hacia los peñones e islotes, donde una acción, por pequeña que sea, generaría una crisis diplomática de gran calado. La inversión millonaria de Defensa y el refuerzo de la vigilancia son, en este sentido, una respuesta preventiva a lo que los servicios de inteligencia consideran una amenaza creíble e inminente.

Mientras tanto, la ministra Robles ha reiterado que la respuesta española será «proporcionada pero firme» y que la prioridad del Gobierno es proteger la frontera y garantizar la seguridad nacional. La pregunta que flota en el ambiente es si la apuesta por la modernización y la disuasión será suficiente para contener una ofensiva que se libra tanto en el terreno físico como en el digital.

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