Los hurtos se disparan un 20,9% y los robos con violencia un 38% en la ciudad complutense durante el primer semestre de 2026, en claro contraste con el descenso del 2,3% y 3% respectivamente en el conjunto de la Comunidad de Madrid
Alcalá de Henares se ha convertido en la excepción que rompe la estadística regional. Mientras la Comunidad de Madrid celebra haber alcanzado la tasa de criminalidad más baja de su historia reciente —55,7 delitos por cada mil habitantes, 0,5 puntos menos que el año anterior—, la tercera ciudad más poblada de la región registra un incremento del 14,2% en las infracciones penales durante el primer semestre de 2026, frente al 2,9% de crecimiento autonómico. La brecha entre la ciudad complutense y su entorno no es un dato aislado: se repite, con diferentes intensidades, en prácticamente todas las tipologías delictivas.
El mapa de una brecha creciente
Los datos del Balance de Criminalidad del Ministerio del Interior correspondientes al primer semestre del año dibujan una divergencia que los analistas califican de significativa. Alcalá contabilizó 1.359 hurtos entre enero y junio, frente a los 1.124 del mismo periodo de 2025, lo que supone un crecimiento del 20,9%. En el conjunto de la Comunidad de Madrid, por el contrario, esta modalidad descendió un 2,3%, pasando de 56.916 a 55.594 infracciones.
La evolución de los robos con violencia e intimidación es aún más pronunciada. En Alcalá pasaron de 71 a 98 casos, un incremento del 38%, mientras que en la región descendieron de 4.897 a 4.751, un 3% menos. Los robos con fuerza en domicilios también crecieron de forma muy superior en la ciudad: un 37,2% frente al 4,5% autonómico.
La ciberdelincuencia sigue la misma pauta divergente. Las infracciones digitales aumentaron un 15,2% en Alcalá —de 1.222 a 1.408—, mientras que en la región el crecimiento fue del 4,5%. Dentro de esta categoría, las estafas informáticas crecieron un 22,2% en la ciudad y un 7,6% en el conjunto autonómico.
La excepción que confirma la regla
No todos los indicadores apuntan en la misma dirección. Los delitos contra la libertad sexual descendieron un 19,6% en Alcalá durante el primer semestre —de 46 a 37 casos—, mientras que en la Comunidad de Madrid aumentaron un 9,3%. Las agresiones sexuales con penetración se mantuvieron estables en seis casos en la ciudad complutense.
Los datos trimestrales ya anticipaban esta tendencia. Entre enero y marzo, Alcalá registró 2.865 infracciones penales, un 13,5% más que en el mismo periodo del año anterior, según el Balance de Criminalidad del Ministerio del Interior. La criminalidad convencional —que excluye la ciberdelincuencia— creció un 15,5% en ese trimestre, con los hurtos superando los 700 casos y un incremento del 30,4%.
La comparación con la evolución nacional resulta especialmente llamativa. Mientras el conjunto de España apenas experimentó un incremento del 1% en los delitos registrados durante el primer trimestre, Alcalá multiplicó por más de trece esa variación, situándose entre los municipios de mayor tamaño con peor evolución en el arranque del año.
La paradoja de la tasa por habitante
La paradoja estadística alcanza su máxima expresión cuando se analiza la tasa de criminalidad por cada mil habitantes. Alcalá de Henares registró una tasa de 14,09 delitos por cada mil habitantes en el primer trimestre de 2026, muy por encima de la media regional y solo superada en la comarca del Henares por Mejorada del Campo (14,45).
Sin embargo, esa misma tasa de criminalidad sitúa a Alcalá como uno de los municipios más seguros de la Comunidad de Madrid entre las localidades de más de 50.000 habitantes, con 10,68 puntos en la clasificación elaborada por el Ministerio del Interior. La aparente contradicción se explica por la diferencia entre la tasa trimestral —más volátil y sensible a repuntes puntuales— y la tasa anual acumulada, que refleja una tendencia más estable.
El factor poblacional y la presión universitaria
Los expertos en seguridad señalan que Alcalá de Henares presenta características estructurales que la hacen especialmente vulnerable a determinados tipos de delito. Con más de 200.000 habitantes, una importante población universitaria flotante y un centro histórico declarado Patrimonio de la UNESCO, la ciudad concentra una presión demográfica y de movilidad superior a la de otros municipios de su tamaño.
Ese dinamismo, que favorece la economía y el turismo, también crea escenarios propicios para delitos oportunistas. El casco histórico, las inmediaciones de la Universidad de Alcalá, las estaciones ferroviarias y los principales ejes comerciales concentran buena parte de los hurtos, que suelen afectar a teléfonos móviles, carteras, bolsos y otros objetos personales. Se trata de una modalidad delictiva que, aunque muchas veces se considera menor, tiene un impacto desproporcionado en la percepción de seguridad de la ciudadanía y en la imagen que proyecta la ciudad hacia visitantes y turistas.
Madrid, cada vez más segura
El contraste con la evolución regional es inevitable. El delegado del Gobierno en la Comunidad de Madrid, Francisco Martín, presentó el pasado 18 de septiembre los datos del balance de criminalidad correspondiente al segundo trimestre de 2026, que sitúan la tasa de criminalidad en 55,7 delitos por cada mil habitantes, la más baja registrada hasta la fecha excluyendo los años de pandemia.
Desde 2019, la tasa se ha reducido en 5,5 puntos, 4,3 de ellos desde 2023. La población de la Comunidad de Madrid ha crecido un 10,2% desde 2018, mientras que el total de infracciones penales solo se ha incrementado un 4,8%, lo que en términos relativos supone una mejora sustancial de la seguridad objetiva. Entre los indicadores que mejoran en el conjunto regional destacan los delitos contra la libertad (-2,5%), los hurtos (-2,3%), los robos con fuerza (-2,8%) y los robos con violencia o intimidación (-3%).
Un debate político en ebullición
La brecha entre Alcalá y la región ha reavivado el debate político sobre la seguridad ciudadana, convertida en uno de los principales ejes de confrontación local. La alcaldesa de Alcalá y presidenta de la Federación de Municipios de Madrid (FMM), Judith Piquet, ha reclamado de forma reiterada un refuerzo inmediato de 1.500 efectivos de Policía Nacional y Guardia Civil para los municipios madrileños, con un coste estimado de 60 millones de euros anuales que, según sus cálculos, representa menos del 1% del programa estatal de Seguridad Ciudadana.
«La realidad es que aumentan simultáneamente homicidios, tráfico de drogas, violencia grupal y delincuencia organizada», advirtió Piquet al presentar la propuesta de la FMM, en la que apuntaba directamente a municipios como Alcorcón, Alcalá de Henares o San Sebastián de los Reyes. La también alcaldesa complutense acusa al delegado del Gobierno, Francisco Martín, de estar «instalado en la propaganda» y de no atender las demandas de refuerzo policial.
La respuesta del Gobierno municipal ante el repunte delictivo ha sido reforzar su política de seguridad basada en «planificación, prevención y proximidad». El Ayuntamiento ha multiplicado por ocho la presencia policial en todos los distritos, pasando las vigilancias planificadas de 1.778 en 2024 a 15.546 en 2025, y ha licitado la instalación de cámaras con tecnología OCR para la identificación automática de matrículas en una veintena de puntos estratégicos de la ciudad, con una inversión de 300.000 euros.
El reto de contener una tendencia divergente
Más allá de la polémica política, los datos plantean un desafío estructural para Alcalá de Henares. La ciudad combina un tejido urbano complejo, una alta movilidad diaria y una población flotante significativa —estudiantes, turistas, trabajadores desplazados— que dificulta las labores de prevención y vigilancia. La brecha con la región sugiere que las medidas adoptadas hasta ahora no han sido suficientes para corregir la tendencia, o que los factores que impulsan el repunte delictivo en la ciudad responden a dinámicas específicas que exigen respuestas diferenciadas.
El Ayuntamiento ha anunciado la incorporación de 14 nuevos agentes de Policía Local, cuyo proceso selectivo avanza con la vista puesta en reforzar la plantilla cuanto antes. La concejala de Seguridad Ciudadana, Orlena de Miguel, ha defendido que la prioridad del Gobierno municipal es «incorporar cuanto antes» a esos nuevos efectivos. La incógnita es si ese refuerzo será suficiente para revertir una tendencia que, semestre a semestre, sigue marcando distancias con el resto de la Comunidad de Madrid.

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