Un sondeo de Forschungsgruppe Wahlen para ZDF sitúa a los socialdemócratas en el 37% y a la derecha en el 36%, invirtiendo la tendencia que durante semanas había dado la victoria a AfD; la CDU de Merz coquetea con el umbral del 5% y podría quedar fuera del parlamento regional por primera vez en la historia de Alemania
La política alemana vive horas de máxima tensión. A dos días de las elecciones regionales en Mecklemburgo-Pomerania Occidental y Berlín, el último sondeo publicado este jueves ha dado la vuelta a todas las previsiones. El Partido Socialdemócrata (SPD) de la primera ministra regional, Manuela Schwesig, se sitúa por delante de Alternativa para Alemania (AfD) por un solo punto porcentual: 37% frente a 36%. Es la primera vez en semanas que los socialdemócratas lideran las encuestas en este estado del noreste alemán, gobernado por el SPD desde hace 28 años.
Un vuelco que cambia el guion de la campaña
Durante gran parte de la campaña, todas las encuestas habían dado la victoria a AfD con alrededor del 35% de los votos. El partido derechista, liderado en el estado por Leif-Erik Holm, llegaba a estos comicios impulsado por su victoria arrolladora en Sajonia-Anhalt el pasado 6 de septiembre, donde obtuvo cerca del 44% de los votos mientras la CDU de Merz se desplomaba al 17%.
El nuevo sondeo de Forschungsgruppe Wahlen para la televisión pública ZDF, realizado entre el 14 y el 17 de septiembre sobre una muestra de 1.395 votantes, muestra un cambio de tendencia significativo. Schwesig ha logrado movilizar a su electorado presentando los comicios como un duelo directo contra la derecha, con lemas como «Die Frau gegen Blau» («La mujer contra el azul»), en referencia al color político de AfD.
Una candidata que se desmarca de Berlín
La clave del éxito de Schwesig, según los analistas, reside en su capacidad para distanciarse de la impopular coalición de gobierno que el SPD comparte con la CDU en Berlín, bajo la cancillería de Friedrich Merz. La primera ministra regional ha centrado su campaña en la defensa de los intereses económicos del estado, incluyendo su apoyo al controvertido proyecto del gasoducto Nord Stream, ahora inoperativo tras la guerra en Ucrania.
Los datos de valoración personal refuerzan esta lectura: el 61% de los encuestados prefiere a Schwesig como primera ministra, frente al 30% que apoya al candidato de AfD. AfD, sin embargo, sigue siendo la fuerza más votada entre los hombres y en las zonas rurales, y su discurso de acercamiento a Rusia y de rechazo a las sanciones económicas resuena con fuerza en un estado que comparte frontera marítima con el enclave ruso de Kaliningrado.
La CDU, al borde de la desaparición parlamentaria
El escenario más dramático de la jornada electoral no está en la pugna por el primer puesto, sino en el futuro de la CDU. El partido de Merz obtiene solo un 6% en las encuestas, a un solo punto del umbral del 5% necesario para entrar en el parlamento regional. Si no lograra superar ese listón, sería la primera vez en la historia de la Alemania de posguerra que los democristianos quedan fuera de un parlamento estatal.
La situación en Berlín no es mucho mejor para el partido del canciller. Las encuestas sitúan a Die Linke como primera fuerza con un 20-22% de los votos, seguida de la CDU con un 18-20% y AfD con un 18%, que duplicaría sus resultados respecto a los comicios anteriores. La coalición de CDU y SPD que gobierna la capital alemana sería la gran derrotada, con un SPD que caería al 12% y sería superado por Los Verdes.
Las otras fuerzas en juego
Completan el panorama electoral en Mecklemburgo-Pomerania Occidental Die Linke, con un 9% de intención de voto, y Los Verdes, que se mueven en el límite del 5%. La Alianza Sahra Wagenknecht (BSW), con un 4%, quedaría fuera del parlamento regional. La participación será clave: se espera que voten alrededor de 1,3 millones de personas en este estado de 1,57 millones de habitantes, el menos densamente poblado de Alemania y el segundo con menor renta per cápita.
Un contexto de crisis política nacional
Las elecciones de este domingo llegan en un momento crítico para el canciller Friedrich Merz, cuya popularidad se encuentra en su nivel más bajo y que ha optado por mantener un perfil discreto durante la campaña, consciente de que su presencia podría perjudicar a sus candidatos. Cerca de la mitad de los alemanes cree que Merz no seguirá siendo canciller mucho tiempo, y en su propio partido ya se especula con una posible «sustitución del canciller» si los resultados del domingo confirman el desplome electoral.
El cordón sanitario que el resto de partidos ha levantado contra AfD significa que, incluso si el partido derechista gana las elecciones, no podrá gobernar. Pero la formación de Leif-Erik Holm aspira a algo más ambicioso: demostrar que es una fuerza capaz de ganar elecciones y de condicionar la política alemana desde dentro, mientras construye su camino hacia la Cancillería federal.

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