5 de septiembre de 2026

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El ninguneo de Trump a España en el G20 se consuma en Asheville mientras la economía española muestra sus grietas.

La administración de Donald Trump ha consumado esta semana un nuevo desplante a España en el escenario internacional al excluir al vicepresidente primero y ministro de Economía, Carlos Cuerpo, de la reunión de ministros de Finanzas y gobernadores de bancos centrales del G20 celebrada en Asheville (Carolina del Norte). La afrenta adquiere especial relevancia porque Washington ha invitado a Países Bajos y Polonia —ninguno de ellos miembro de pleno derecho del G20— mientras que España, que cuenta con el estatus de «invitado permanente» desde 2008 y ha participado en todas las citas del grupo desde entonces, ha quedado fuera.

Un patrón de exclusiones que comenzó en primavera

El veto a Cuerpo no es un hecho aislado, sino la culminación de una estrategia de marginación que la Casa Blanca ha venido aplicando a lo largo de 2026. Ya en enero, Trump excluyó a España de la primera reunión preparatoria de su presidencia del G20. En abril, Cuerpo fue excluido de la primera gran cita de ministros de Economía y Finanzas celebrada en Washington, algo que no ocurría desde 2009. La reunión de Asheville, que debía ser el gran encuentro preparatorio de la cumbre de líderes prevista para diciembre en Miami, ha confirmado el patrón.

El secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, publicó la lista de invitados a la cita de dos días, en la que figuraban no solo los miembros de pleno derecho del G20 sino también los ministros de Finanzas de Países Bajos, Polonia, Catar, Singapur, Suiza y Emiratos Árabes. El ministro holandés, Eelco Heinen, incluso declinó la invitación a última hora por las tensiones en su coalición de Gobierno, aunque según Bessent aceptó a distancia los textos pactados.

El agravio de la invitación a Países Bajos

El ninguneo a España se ha visto agravado precisamente por la presencia de Países Bajos en la lista de invitados. Países Bajos carece del estatus especial que ostenta España como «invitado permanente», lo que convierte su invitación en un mensaje explícito de la administración Trump sobre la posición que ocupa el Gobierno de Pedro Sánchez en el tablero internacional.

Fuentes oficiales del Ministerio de Economía ya relativizaron en abril la ausencia de Cuerpo argumentando que EEUU sí había cursado invitación a España para la cumbre de líderes de noviembre. Sin embargo, la exclusión sistemática de las reuniones preparatorias —foros donde se negocian los grandes acuerdos económicos globales— supone una pérdida de influencia real. Según Bessent, en Asheville se abordaron todos los grandes temas del momento: deuda pública, relaciones comerciales y lucha contra el blanqueo de capitales. Como señala el análisis de El Mundo, «solo asistir y poder pulsar durante dos días la deriva de la política económica de las principales potencias es fundamental para cualquier titular de Economía».

La economía española, en un contexto adverso

El aislamiento internacional de Cuerpo llega en un momento especialmente delicado para la economía española. El vicepresidente se enfrenta a un otoño complicado marcado por la ralentización del empleo, el encarecimiento progresivo de la financiación y una inflación que se sitúa a la cabeza de la Unión Europea.

Los datos de Eurostat reflejan un preocupante descontrol de precios en España (4,5%), muy por encima de la moderación registrada en Alemania (2,9%), Francia (2,7%) e Italia (3,2%). Esta desviación inflacionaria supone una pérdida de competitividad para las empresas españolas en su principal mercado de exportación: la Unión Europea. El Índice PMI manufacturero ya se contrajo en agosto al situarse en 49,5 puntos, por debajo del umbral de los 50 que separa el crecimiento de la contracción.

En el frente del empleo, el mercado laboral ha mostrado signos de agotamiento. Expertos de Funcas e Infojobs coinciden en pronosticar un estancamiento real en la creación de empleo una vez descontado el efecto de la regularización. Funcas calcula incluso que miles de trabajadores nacionales han pasado al paro, pese a los buenos datos de crecimiento del PIB.

El coste de la deuda también preocupa al Tesoro. Quedan lejos las subastas del año pasado, cuando bastaba con pagar un 3,2% para colocar el bono a 10 años. Ahora el interés se acerca al 3,9%. Un encarecimiento que se produce mientras el Gobierno negocia con Bruselas la séptima y última petición de los fondos Next Generation, que podría suponer un desembolso de 26.000 millones de euros adicionales. En total, España podría recibir 103.800 millones de euros del Mecanismo de Recuperación y Resiliencia.

Las previsiones económicas, optimistas pero con matices

A pesar de las sombras, el cuadro macroeconómico para 2026 mantiene un tono relativamente optimista. El Banco de España proyecta un crecimiento del PIB del 2,3% para este año, mientras que BBVA Research lo sitúa en el 2,4%. El Gobierno ha elevado su previsión al 2,6% y la OCDE, en su último informe, ha revisado ligeramente al alza su estimación hasta el 2,2%. El PMI compuesto de agosto, que refleja la actividad del conjunto de la economía, se situó en 55,8 puntos, liderando el crecimiento de la eurozona junto a Italia.

Sin embargo, el Consejo General de Economistas advierte de un deterioro en la segunda mitad del año, con un 59% de los expertos consultados considerando «probable» o «muy probable» que la economía española sufra estanflación en 2026 —bajo crecimiento del PIB combinado con una inflación superior al 2%—.

La sombra de la geopolítica sobre la economía

Más allá de los indicadores, el ninguneo de Trump a España en el G20 proyecta una sombra geopolítica sobre la economía española que trasciende lo simbólico. La exclusión de las reuniones preparatorias priva a Cuerpo de la oportunidad de defender los intereses españoles en los foros donde se diseñan las políticas económicas globales, desde la regulación de las criptomonedas hasta la reforma de los bancos de desarrollo.

La administración Trump ya ha dado muestras de que la exclusión de España no es un capricho, sino una decisión meditada. En diciembre de 2025, el secretario de Estado, Marco Rubio, anunció que Polonia sería invitada al G20 por considerar que «ya se encuentra entre las 20 mayores economías del mundo». Una decisión que ignora que España, con un PIB superior al de Polonia, mantiene su estatus de invitado permanente pero no ha recibido el mismo trato.

Mientras tanto, el Gobierno de Pedro Sánchez se enfrenta a la paradoja de una economía que crece por encima de la media europea pero que paga el precio de una inflación desbocada, un endeudamiento creciente y un aislamiento internacional que amenaza con relegar a España a un segundo plano en la toma de decisiones económicas globales. «Todo se complica para un gobierno aislado que no puede ni saludar en el G20», resumía este jueves El Mundo.

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