Este sábado, los cerca de 273.000 islandeses convocados a las urnas decidirán si el país reanuda, más de una década después, el proceso de adhesión a la Unión Europea. La votación, que se ha descrito como «demasiado reñida para decidir», llega en un momento de máxima incertidumbre geopolítica, y sus resultados serán seguidos con lupa tanto en Bruselas como en las capitales del Ártico.
Un «sí» que abre la puerta, no que cierra el trato
La pregunta que los islandeses deben responder es sencilla: «¿Debería Islandia reanudar las negociaciones de adhesión con la Unión Europea?». Sin embargo, sus implicaciones son complejas. Un triunfo del «Sí» no supondría la entrada automática en el club comunitario, sino que daría luz verde al gobierno de la primera ministra, Kristrún Frostadóttir, para reabrir formalmente las conversaciones con Bruselas, estancadas desde 2013. Cualquier acuerdo final que se alcanzara debería ser refrendado posteriormente por los islandeses en un segundo referéndum.
La carrera ha estado dominada por la incertidumbre. Las últimas encuestas, como un sondeo de Gallup del viernes, apuntaban a una ligera ventaja para el «No», invirtiendo la tendencia de semanas anteriores que favorecían al «Sí». Esta polarización refleja un debate profundo sobre el futuro del país, marcado por tres grandes ejes.
Pesca, economía y seguridad: los tres frentes del debate
El principal escollo histórico para la adhesión de Islandia ha sido la pesca. El temor a que Bruselas obligue a abrir sus ricas aguas árticas a los barcos de otros países miembros sigue siendo el argumento estrella del «No». Aunque el gobierno confía en poder negociar una excepción a la Política Pesquera Común, los opositores consideran que cualquier concesión sería una cesión inaceptable de soberanía.
El segundo gran argumento del «Sí» es de naturaleza económica. Islandia ha sufrido una inflación y unos tipos de interés persistentemente altos, con hipotecas que en algunos casos alcanzan el 9%. Mientras el tipo oficial del banco central islandés se sitúa en el 8,00%, el del Banco Central Europeo es del 2,25%. La posibilidad de adoptar el euro y beneficiarse de la estabilidad de la eurozona es un poderoso incentivo para muchos votantes. «Sería un catalizador para una economía más sana», ha declarado Vilhjalmur Hilmarsson, economista jefe del sindicato Viska.
Sin embargo, el factor que ha precipitado la votación y ha dinamizado el debate ha sido la seguridad. La guerra en Ucrania y, sobre todo, las amenazas del presidente estadounidense, Donald Trump, de tomar el control de la vecina Groenlandia, han sembrado la alarma en Reikiavik. «No podemos confiar realmente en Estados Unidos», afirma Hildur Knutsdottir, una votante del «Sí». La ministra de Exteriores, Thorgerdur Gunnarsdottir, ha resumido el sentir de su gobierno: «El orden internacional que sustentaba nuestra seguridad y prosperidad durante décadas está bajo una grave presión. En tiempos como estos, las naciones pequeñas deben pensar cuidadosamente dónde se sitúan».
Las consecuencias de una decisión
El gobierno de Frostadóttir, de centro-izquierda, adelantó el referéndum, previsto inicialmente para 2027, precisamente por la creciente tensión geopolítica. Si gana el «Sí», fuentes diplomáticas señalan que las negociaciones podrían comenzar a finales de 2026 y durar entre 18 y 24 meses, allanando el camino para una posible adhesión en 2028. La Comisión Europea ya ha confirmado que la solicitud de adhesión de Islandia, presentada en 2009, sigue siendo jurídicamente válida y que las negociaciones solo están en pausa.
Por el contrario, un triunfo del «No» mantendría a Islandia en su estatus actual como miembro del Espacio Económico Europeo y del espacio Schengen, un modelo que sus defensores consideran el equilibrio perfecto entre integración y soberanía. «Es como si estuvieras en una relación con alguien con quien no convives, y si pierdes algo al casarte, ¿por qué casarse?», reflexiona Hjordis Vilhjalmsdottir, una votante del «No».
El recuento comenzará al cierre de los colegios, a las 22:00 hora local, y los primeros resultados fiables no se esperan hasta bien entrada la noche, debido a lo ajustado de la contienda. Lo que está en juego no es solo el futuro europeo de Islandia, sino la capacidad de una pequeña nación ártica para trazar su propio rumbo en un mundo cada vez más volátil e impredecible.

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