30 de agosto de 2026

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El Ejército de Níger controla la situación tras un intento de golpe de Estado que mantuvo en vilo la capital durante horas

Los disparos y las explosiones que irrumpieron en la madrugada del sábado en varios puntos de Niamey no fueron obra de yihadistas, sino de militares amotinados. Lo que comenzó como una noche de fuego cruzado alrededor del aeropuerto internacional Diori Hamani y el Palacio Presidencial ha sido calificado por las autoridades como un intento de golpe de Estado, el segundo que sacude el país en apenas tres años. Pasadas las primeras horas de la mañana, el ministro de Defensa, general Salifou Mody, confirmó en un mensaje emitido por la televisión nacional que la situación estaba «bajo control».

Una noche de confusión y combates

Los enfrentamientos se desencadenaron pasada la medianoche, cuando un grupo de soldados de la Base Aérea 101 «se saltó el orden militar» y secuestró a algunos de sus compañeros antes de abrir fuego contra varios objetivos estratégicos de la capital. Testigos citados por el portal local ActuNiger relataron intensos tiroteos y explosiones en el distrito de Plateau, zona administrativa y residencial que alberga las principales instituciones del país. Los amotinados lograron llegar hasta las inmediaciones del Palacio Presidencial y el aeropuerto, donde se concentran instalaciones de gran valor estratégico: la propia Base Aérea 101, el cuartel general de los mercenarios rusos del Africa Corps, el cuartel de las Fuerzas Unidas de la Confederación de Estados del Sahel (AES) y un contingente de 300 soldados italianos que realizan tareas de cooperación militar.

La confusión fue máxima durante las primeras horas. Muchos ciudadanos pensaron que se trataba de un nuevo ataque yihadista, como los que ya sufrió el aeropuerto en enero y junio de este año. La Radiotelevisión Nacional de Níger (RTN) dejó de emitir durante varias horas, lo que alimentó la incertidumbre.

«Los amotinados fueron rechazados»

La respuesta de las fuerzas leales fue rápida. Según el comunicado del ministro Mody, los soldados alzados intentaron hacerse con el control del palacio presidencial, pero fueron repelidos por la guardia presidencial. Fuentes de seguridad y diplomáticos citados por Reuters señalaron que el palacio estaba asegurado por tropas leales en torno a las 09:00 GMT, aunque la zona del aeropuerto seguía siendo disputada. Horas después, el ministro confirmó que los militares habían recuperado el control de todos los puntos críticos. Mody instó a la población a mantener la calma y reanudar sus actividades con normalidad.

Las autoridades no han ofrecido un balance oficial de víctimas ni han identificado a los cabecillas del motín.

Malestar en las filas del Ejército

El origen del motín apunta a un creciente descontento en el seno de las Fuerzas Armadas. Fuentes cercanas a los acontecimientos señalaron que a los amotinados de la capital se habrían sumado unidades procedentes de Tillaberi y Dosso, regiones del suroeste especialmente castigadas por los ataques yihadistas. Los soldados de primera línea han sufrido importantes bajas en los últimos meses —el 22 de agosto murieron 15 policías en un ataque en Tessa, y en julio fallecieron 16 soldados en el oeste del país— y la frustración con el Gobierno militar estaría ganando terreno.

Desde que el general Abdourahamane Tchiani tomó el poder en el golpe de Estado de julio de 2023, la seguridad en el Sahel no ha mejorado. Los ataques yihadistas han persistido y, de hecho, el aeropuerto Diori Hamani y la Base Aérea 101 ya habían sido atacados en dos ocasiones este año: en enero por el Estado Islámico y en junio por el Grupo de Apoyo al Islam y los Musulmanes (JNIM), la rama saheliana de Al Qaeda.

Tercer ataque al aeropuerto en 2026

Este sábado, la Base Aérea 101 ha sido atacada por tercera vez en lo que va de año. La instalación, que alberga una base de drones y destacamentos extranjeros, se ha convertido en un símbolo de la fragilidad del Estado nigerino. La repetición de estos asaltos, ya sea por parte de yihadistas o de militares descontentos, evidencia la profundidad de la crisis de seguridad que atraviesa el país, un importante productor de uranio, petróleo y oro.

Por ahora, el Gobierno de Tchiani ha logrado contener la amenaza. Pero el hecho de que haya sido una facción del propio Ejército la que haya intentado derrocarlo —y no un grupo terrorista externo— plantea interrogantes sobre la cohesión de unas Fuerzas Armadas que, tres años después del último golpe, vuelven a mostrar signos de fractura interna.

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