La operación, que valora la franquicia en 12.500 millones de dólares, desata una batalla legal sin precedentes en la NBA y amenaza con poner fin a casi cinco décadas de hegemonía familiar
Lo que el Dr. Jerry Buss construyó con visión de estadista y ambición de Hollywood, sus hijos amenazan ahora con desmantelarlo a golpe de cheque y querella. La dinastía más célebre del deporte mundial ha saltado por los aires. Cinco de los seis hermanos Buss —Jim, Johnny, Janie, Joey y Jesse— han anunciado su decisión de vender el 17,8% restante de la participación familiar en Los Angeles Lakers a los magnates Bob Iger y Josh Kushner. El movimiento, que supone una puñalada directa a su hermana Jeanie, presidenta y gobernadora de la franquicia, busca despojarla del trono que el patriarca le legó y que ella ha defendido con uñas y dientes durante una década.
El sueño de un visionario
Para comprender la magnitud del terremoto que sacude la NBA, hay que viajar al verano de 1979. Fue entonces cuando el Dr. Jerry Buss adquirió Los Angeles Lakers por la entonces «modesta» cifra de 67,5 millones de dólares. Durante más de tres décadas, el magnate no solo construyó un imperio dorado y púrpura que redefinió el espectáculo deportivo de Hollywood, sino que diseñó una ingeniosa arquitectura legal para garantizar que la franquicia perteneciera eternamente a su estirpe.
Tras su muerte en 2013, el testamento dividió el club a partes iguales entre sus seis hijos mediante un fideicomiso blindado. La estructura contenía reglas pensadas para resistir cualquier tempestad financiera y evitar que sus descendientes vendieran o se destruyeran entre sí. Sin embargo, como ha quedado dolorosamente demostrado, el creador protegió el negocio contra los acreedores, pero no contra el factor humano ni el abismo del tiempo.
Una familia en guerra desde 2017
La paz familiar jamás llegó a cuajar tras la muerte del fundador. En 2017, Jeanie Buss, la elegida por el patriarca para liderar la gestión, tuvo que sofocar un conato de golpe de mano orquestado por sus propios hermanos Jim y Johnny, acudiendo a los tribunales para ratificar su puesto de gobernadora vitalicia. En aquella ocasión, Jeanie despidió a Jim de su cargo como responsable de operaciones de baloncesto y se enfrentó a sus hermanos en los tribunales, saliendo victoriosa y consolidando su control sobre la organización.
Las heridas quedaron abiertas mientras la gestión se alejaba de la idílica estampa familiar que soñó el Dr. Buss. Lo que parecía una tregua se ha convertido ahora en una declaración de guerra total.
El eslabón perdido: Mark Walter y la investigación federal
El punto de inflexión definitivo llegó hace catorce meses, cuando irrumpió en escena el financiero Mark Walter para adquirir la parte mayoritaria de la franquicia. En junio de 2025, los seis hermanos Buss acordaron vender casi el 50% de la participación familiar a Walter por una valoración de 10.000 millones de dólares. La venta se cerró a finales de octubre de 2025, y cada uno de los hermanos se embolsó alrededor de 500 millones de dólares después de impuestos.
Pero la tranquilidad duró poco. Acorralado en las últimas semanas por investigaciones federales del FBI y la SEC debido a supuestas irregularidades en sus empresas aseguradoras, Walter ejecutó un movimiento relámpago para deshacerse de su paquete accionarial. El pasado 12 de agosto, el empresario acordó vender el control de la franquicia a Josh Kushner y Bob Iger por la cifra récord de 12.500 millones de dólares.
Los compradores: dos pesos pesados con conexiones políticas
Los nuevos dueños no son unos recién llegados cualquiera. Bob Iger, ex consejero delegado de Disney, es uno de los ejecutivos más respetados de la industria del entretenimiento. Josh Kushner, fundador de Thrive Capital, es hermano de Jared Kushner, yerno de Donald Trump, y célebre por haber impulsado junto a Gianni Infantino el intento de privatización de los derechos comerciales del Mundial de la FIFA. La operación, que está pendiente de la aprobación de la Junta de Gobernadores de la NBA en su próxima reunión en Nueva York, otorgaría a Iger y Kushner cerca del 83% de los Lakers.
El movimiento calculado de los hermanos
La venta del 17,8% restante no es un movimiento casual. Al liquidar ese porcentaje final, la familia cae por debajo del umbral del 15% de capital que exige la normativa de la NBA para poder designar al gobernador de la franquicia. Sin ese respaldo accionarial, Jeanie Buss perdería automáticamente la silla de mando que defendió durante años frente a sus parientes. Sus propios hermanos han utilizado la cláusula de mayoría ideada por su padre como la guadaña perfecta para despojarla del trono y saldar viejas cuentas del pasado.
En el comunicado que anunciaba la venta, los hermanos intentaron revestir la operación de dignidad: «Amamos a los Lakers y a sus aficionados, y seguiremos apoyando a Los Ángeles; pero es momento de aprovechar esta oportunidad para seguir adelante y retirarnos con elegancia mientras aún podemos hacerlo».
La respuesta fulminante de Jeanie
La reacción de la presidenta ha sido fulminante. Apenas unas horas después del anuncio, su gabinete jurídico envió una notificación urgente declarando la votación «nula de pleno derecho» y advirtiendo a los compradores de que cualquier intento de ejecutar el acuerdo terminará en un litigio judicial de consecuencias impredecibles.
Según fuentes cercanas a la situación, Jeanie fue la única de los seis hermanos que se negó a proceder con la venta. Su defensa argumenta que el fideicomiso obliga legalmente a los administradores a preservar la cuota accionarial necesaria para mantener su liderazgo. Los abogados de Jeanie han calificado la decisión de sus hermanos como «un incumplimiento de la confianza» y «en desacato del tribunal».
De 67,5 millones a 12.500 millones: la espectacular revalorización
La operación supone un hito en la historia del deporte. La valoración de 12.500 millones de dólares —que supera en un 25% los 10.000 millones pagados por Walter apenas un año antes— es el precio más alto jamás pagado por una franquicia deportiva en Estados Unidos. Cada uno de los cinco hermanos recibiría un cheque individual superior a los 1.000 millones de dólares.
La familia Buss se despide así de su participación en los Lakers tras casi cinco décadas de propiedad, desde que el patriarca compró el equipo por unos 68 millones de dólares. Lo que comenzó como una inversión visionaria se ha convertido en el mayor negocio de la historia del baloncesto profesional.
Un futuro incierto para los Lakers
El idilio que el Dr. Buss intentó eternizar se ha transformado en un conflicto público sin precedentes, donde el sentimentalismo de la sangre ha sucumbido al peso de los miles de millones. El trono de los Lakers se decide ahora a cara de perro en los tribunales.
Mientras tanto, los cinco hermanos Buss han reiterado su intención de seguir adelante con la venta pese a la oposición de Jeanie. La Junta de Gobernadores de la NBA deberá decidir si aprueba la operación en su próxima reunión, un escenario que podría conocerse en las próximas semanas.
Lo que está en juego no es solo el control de una de las franquicias más icónicas del deporte mundial. Es el legado de un hombre que soñó con construir un imperio para su familia y que, irónicamente, sembró las semillas de su propia destrucción. La dinastía Buss, la más célebre del deporte americano, se desmorona bajo el peso de las disputas fraternales y el atractivo irresistible de los miles de millones.

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