19 de septiembre de 2026

DDG

Toda la información del mundo a un click de distancia

El Henares, el río con mayor riesgo farmacéutico de Europa: un cóctel de antibióticos convierte a Alcalá en el epicentro de un problema silencioso.

El estudio de la Universidad de York que analizó 93 ríos de 31 países sitúa el tramo complutense como el punto con los niveles de fármacos más inseguros de todo el continente, lastrado por las altas concentraciones de antibióticos y por una depuradora que no filtra los contaminantes emergentes

El río Henares a su paso por Alcalá de Henares no es solo un cauce con una riqueza ecológica mermada o un entorno de paseo dominical. Es, según el mayor estudio europeo realizado hasta la fecha sobre contaminación farmacéutica, uno de los puntos negros del continente. La investigación liderada por el ambientólogo Alistair Boxall, de la Universidad de York, que ha monitorizado 93 ríos de 31 países europeos, ha concluido que el tramo complutense del Henares presenta «las concentraciones de antibióticos más altas» y el mayor riesgo farmacéutico de todos los puntos analizados.

La afirmación del propio Boxall es tajante: «Cuando observamos las concentraciones medias de fármacos en Europa, España aparece en una posición bastante alta. Está en segundo lugar, después de Rumanía. Cuando nos fijamos en España y, de hecho, también en el conjunto de Europa, el río Henares, en Alcalá de Henares, es uno de los lugares más contaminados del estudio. Creo que se debe a que esa zona tiene bastante industria. También fue el río con mayor riesgo farmacéutico, es decir, el que tenía los niveles de fármacos más inseguros de todo el estudio. Y eso se debió sobre todo a las altas concentraciones de antibióticos, muy altas en comparación con otros lugares».

Qué significa realmente ‘riesgo farmacéutico’

El concepto de «riesgo farmacéutico» que maneja el equipo de Boxall no se refiere a la toxicidad directa para el ser humano que bebe agua del grifo, sino a la capacidad de estos compuestos para causar efectos subletales en los organismos acuáticos. Estudios previos realizados en la cuenca del Henares ya habían detectado una veintena de principios activos farmacéuticos —desde ibuprofeno y diclofenaco hasta carbamazepina, atenolol o progesterona— en las aguas superficiales de la zona, con concentraciones máximas que en algunos casos se disparaban hasta los 10 microgramos por litro.

La preocupación científica se centra en dos frentes. El primero es la alteración del comportamiento y la fisiología de la fauna acuática: los antidepresivos como la fluoxetina, detectados de forma ubicua en todos los puntos y estaciones del sistema Henares-Jarama-Tajo, pueden modificar la conducta de los peces; los antibióticos afectan a las comunidades microbianas; y los disruptores endocrinos interfieren en la reproducción de invertebrados y vertebrados. El segundo frente, y quizá el más inquietante, es la contribución de estos residuos a la aparición y propagación de resistencias antimicrobianas, un problema de salud pública global que la Organización Mundial de la Salud considera una de las mayores amenazas para la humanidad.

La depuradora que no depura

La clave de por qué el Henares concentra semejante carga farmacéutica no está solo en lo que se consume aguas arriba. Un estudio específico sobre las depuradoras de la cuenca del Henares, publicado en la revista Science of the Total Environment, analizó los efluentes de cinco plantas de tratamiento de la comarca y encontró que en las que sirven a la ciudad de Alcalá de Henares se detectó «el mayor número de compuestos y las concentraciones más altas» de toda la cuenca.

El análisis identificó 82 contaminantes emergentes de los 162 buscados, y el cribado de sospechosos amplió la lista hasta 297 compuestos anotados. De todos ellos, el 76% eran fármacos, el 21% pesticidas y el 3% químicos industriales. Los compuestos con mayor riesgo para los ecosistemas acuáticos incluían la azitromicina, la claritromicina y el sulfametoxazol (tres antibióticos de uso común), además del diurón y el clortolurón (herbicidas), la sertralina (antidepresivo) y el paracetamol.

El problema de fondo es estructural: las depuradoras convencionales no están diseñadas para eliminar este tipo de moléculas. Entre el 30% y el 90% de los fármacos que consumen humanos y animales se excretan sin metabolizar y llegan a los ríos, donde los sistemas de tratamiento apenas logran retenerlos. Los investigadores del estudio sobre la cuenca del Henares concluyeron que las plantas con tratamientos terciarios mostraron índices de riesgo más bajos, lo que apunta a la necesidad de mejorar la eficiencia de eliminación en las depuradoras urbanas y de desarrollar planes de monitorización más detallados y regulaciones más estrictas.

El contexto industrial y urbano

La explicación que da Boxall —»esa zona tiene bastante industria»— apunta a un factor que distingue al Henares de otros ríos europeos: la confluencia de un tejido industrial relevante con una densidad de población elevada y una capacidad de dilución limitada. El sistema fluvial Henares-Jarama-Tajo es la mayor cuenca de drenaje de la Comunidad de Madrid, y sufre una presión intensa tanto por actividades urbanas como industriales.

El informe de IMDEA Agua, con sede en Alcalá de Henares, identifica además patrones estacionales claros: las concentraciones más altas de contaminantes se registran en verano, cuando el caudal del río es menor y los contaminantes se diluyen menos. Esa estacionalidad, combinada con la escasa capacidad de dilución de los ríos mediterráneos, convierte al Henares en un ecosistema especialmente vulnerable a la acumulación de compuestos persistentes.

Una doble amenaza: fármacos y ‘químicos eternos’

El estudio de Boxall sobre contaminación farmacéutica no es el único trabajo científico que ha puesto el foco sobre el Henares en los últimos meses. Una investigación paralela, en la que también participa IMDEA Agua, ha detectado la presencia de sustancias perfluoroalquiladas y polifluoroalquiladas (PFAS), conocidos como «químicos eternos», en el 93% de los 280 puntos de muestreo analizados en ríos europeos. Entre las localizaciones afectadas se encuentran secciones del Manzanares, el Henares, el Jarama y el arroyo Pantueña en la región de Madrid.

El 61% de las estaciones de monitorización superó el estándar de calidad ambiental establecido por la Comisión Europea para la suma de compuestos PFAS, fijado en 4,4 nanogramos por litro. Estos compuestos, utilizados durante décadas en productos impermeables, espumas antiincendios y recubrimientos antiadherentes, son extremadamente resistentes a la degradación y se acumulan en ecosistemas y organismos vivos. Estudios científicos los han vinculado con efectos sobre el sistema inmunitario, alteraciones hormonales, trastornos tiroideos y un mayor riesgo de ciertos tipos de cáncer.

La combinación de ambas investigaciones dibuja un escenario preocupante: el Henares no solo transporta una carga farmacéutica excepcionalmente alta, sino que lo hace en un contexto de contaminación química múltiple que los sistemas de depuración convencionales no están preparados para abordar.

Soluciones en el horizonte

Frente a este diagnóstico, la respuesta científica comienza a articularse. El proyecto Pharmaclean, impulsado por el Instituto Madrileño de Investigación y Desarrollo Rural, Agrario y Alimentario (IMIDRA) en la finca El Encín de Alcalá de Henares, ensaya un sistema de depuración dual que combina plantas acuáticas —como la Typha dominguensis y la Lemna minor, cuyas raíces absorben metales pesados y moléculas orgánicas— con microorganismos diseñados en laboratorio e inmovilizados en rotobiorreactores capaces de metabolizar restos de medicamentos.

Los investigadores de IMDEA Agua, por su parte, subrayan que la solución no puede limitarse al tratamiento de aguas residuales. «Necesitamos abordar las fuentes de contaminación para proteger los ecosistemas acuáticos y la salud humana», señala Paula Redondo-Hasselerharm, una de las autoras del estudio europeo. El equipo reclama ampliar los esfuerzos de monitorización a un espectro más amplio de contaminantes emergentes para comprender mejor sus impactos acumulativos y respaldar el desarrollo de nuevas tecnologías de eliminación.

Un problema sin regulación a la altura

La paradoja que denuncia Boxall es que, mientras la sociedad utiliza unas 350.000 sustancias químicas, la regulación europea se limita a monitorizar menos de medio centenar en los ríos. «Sabemos que los ríos están muy contaminados por sustancias químicas y me sorprende que no hagamos nada», ha declarado el investigador británico.

Para Alcalá de Henares, el diagnóstico del Henares no es solo un dato científico: es un recordatorio de que la ciudad complutense, con su potente tejido industrial y su Universidad, alberga también un problema ambiental que trasciende las fronteras locales. El río que atraviesa su término municipal se ha convertido, a su pesar, en el termómetro de una contaminación que Europa entera comparte, pero que en este tramo concreto alcanza sus cotas más alarmantes.

About The Author