La pregunta que resuena con más fuerza que nunca en los pasillos de la política española vuelve a ser la misma: ¿qué sabe Marruecos de Pedro Sánchez? Lo que durante años fue una especulación alimentada por el excomisario José Manuel Villarejo ha cobrado una nueva dimensión en plena crisis de Ceuta, cuando los informes policiales y las filtraciones periodísticas han puesto sobre la mesa una trama de espionaje que combina la inteligencia digital con la infiltración humana en los rincones más privados de la vida política.
El relato de Villarejo: agentes marroquíes en saunas gays
El excomisario José Manuel Villarejo, figura central de las cloacas del Estado durante el Gobierno de Mariano Rajoy, ya advirtió hace años de que los servicios secretos de Marruecos habían logrado infiltrar agentes en saunas de ambiente homosexual frecuentadas por políticos españoles. Según sus declaraciones, el régimen de Mohamed VI «supo desde hacía muchos años que políticos muy importantes de todos los signos, yo creo que bastante más del PSOE que del PP, iban a las saunas gays y entonces empezaron a introducir marroquíes jovencitos que eran agentes del servicio secreto marroquí para grabar».
Villarejo apunta directamente a la sauna Adán, un local vinculado al suegro de Pedro Sánchez, Sabiniano Gómez. El excomisario sostiene que «menores marroquíes han estado en el local del suegro de Pedro Sánchez, han sido prostituidos y han tomado sustancias», y que eso «lo saben los servicios secretos» de Mohamed VI. Además, señala que los servicios de inteligencia marroquíes habrían obligado a esos menores a realizar denuncias sobre cómo eran vejados y humillados, generando así un arsenal de material comprometedor.
El contexto: Pegasus y la vulnerabilidad digital del Gobierno
Las revelaciones de Villarejo sobre espionaje humano encajan con un contexto más amplio de operaciones de inteligencia atribuidas a la Dirección General de Seguridad Territorial marroquí. Entre 2020 y 2021, los teléfonos móviles de Pedro Sánchez y de varios de sus ministros —Margarita Robles (Defensa), Fernando Grande-Marlaska (Interior) y Luis Planas (Agricultura)— fueron infectados con el software espía Pegasus. La investigación apunta a los servicios secretos de Rabat como los principales sospechosos.
El periodista José Bautista, de la Fundación PorCausa, ha advertido recientemente de que «si los indicios que tengo sobre lo que Marruecos sabe de Sánchez se cumplen, es un escándalo para hacer caer el Gobierno porque se quisieron proteger». Bautista sostiene que el régimen de Rabat «sabe demasiado del gobierno español, de cuestiones personales que pueden interferir con cuestiones políticas». El periodista califica como un grave error de seguridad que Sánchez y Marlaska utilizaran dispositivos móviles personales para tratar asuntos oficiales, lo que simplificó el hackeo.
La crisis de Ceuta como catalizador
La entrada masiva de más de 72.000 personas en Ceuta los días 30 y 31 de julio ha reabierto todas las heridas. Los informes remitidos a la jueza de la Audiencia Nacional María Tardón apuntan a que agentes marroquíes encubiertos coordinaron y lideraron la avalancha. La Guardia Civil está ultimando un informe que identifica a más de una veintena de presuntos espías marroquíes infiltrados entre la masa.
Sin embargo, el Gobierno de Pedro Sánchez insiste en que Marruecos es un «socio leal y fiable» y sostiene que no hay pruebas concluyentes de que Rabat organizara la operación. Esta posición ha dejado al presidente en una situación de aislamiento político sin precedentes, con críticas que llegan no solo desde el PP y Vox, sino también desde sus propios socios de Gobierno.
La ofensiva de la oposición
El líder del PP, Alberto Núñez Feijóo, ha elevado el tono y ha llegado a pedir la dimisión de Sánchez «por incompetente o cómplice». Desde la tribuna del Congreso, Feijóo ha lanzado una pregunta que condensa la teoría del chantaje: «¿Qué documento, conversación o indicio había en su teléfono para que se comporte de esta manera? ¿Por qué tiene miedo a Marruecos? ¿Qué sabe Marruecos de usted?».
Feijóo ha advertido al presidente de que «ningún miedo personal puede situarse bajo el interés nacional» y que «España no puede tener un presidente bajo chantaje». El líder popular ha asegurado que Sánchez «no está en condiciones de cumplir sus obligaciones para dirigir la nación» ni de «garantizar la seguridad del Estado».
Las conexiones del suegro y las cloacas del Estado
El nudo de la trama se enreda aún más al recordar que el propio Villarejo, en noviembre de 2014, elaboró un informe confidencial para el número dos del Ministerio del Interior sobre las «supuestas debilidades» de Pedro Sánchez, centrado en los negocios de saunas de su suegro. En una conversación grabada, el excomisario afirmaba que esa información era «mortal» y que podía «matar políticamente a cualquiera».
El propio Villarejo ha reconocido que «en el PSOE había mucho interés por la información sobre las saunas del suegro de Pedro Sánchez», y que el partido socialista de entonces quería disponer de esa información «por si en un momento determinado tenían que utilizarla».
Un escenario de chantaje sin pruebas concluyentes
Pese a la acumulación de indicios, las fuentes oficiales insisten en que no hay pruebas concluyentes de que Marruecos esté chantajeando al presidente del Gobierno. La investigación judicial sobre el espionaje con Pegasus ha quedado archivada en dos ocasiones por la falta de colaboración de NSO Group, la empresa israelí que comercializaba el software, y del Estado de Israel.
Lo que sí parece fuera de toda duda es que los servicios de inteligencia marroquíes han desplegado una sofisticada estrategia de espionaje —digital y humano— que ha puesto en una posición de extrema vulnerabilidad a la cúpula del Gobierno español. La pregunta que persiste, y que probablemente seguirá sin respuesta durante mucho tiempo, es si esa información está siendo utilizada como arma de presión. Como ha señalado el periodista Ignacio Cembrero, Marruecos se ha convertido en «el mayor tabú del Gobierno español», un silencio que, en política, casi siempre es más elocuente que las palabras.

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