El canciller impone su criterio en el retiro de Neuhardenberg y acuerda con el SPD suprimir la jubilación anticipada sin penalización antes de que acabe el año, pese a la rebelión de los líderes regionales de la CDU en los Estados federados orientales
La coalición de Gobierno alemana ha regresado de sus vacaciones de verano con un guion muy distinto al que muchos esperaban. Lejos de ceder a las presiones internas, el canciller Friedrich Merz ha salido del retiro de dos días celebrado en el castillo de Neuhardenberg, en Brandeburgo, con la determinación de ejecutar la reforma de las pensiones tal y como fue concebida, incluyendo el polémico punto que ha agitado a la clase política y a la ciudadanía: la abolición de la jubilación anticipada a los 63 años sin penalización para quienes hayan cotizado 45 años.
La decisión, ratificada junto a los socios socialdemócratas del SPD antes de que dé comienzo 2027, supone un golpe de timón en el sistema de bienestar germano y un desafío frontal a los presidentes regionales de su propio partido en el este del país, que habían alzado la voz contra la medida.
Merz: «Estamos de acuerdo en eliminar todos los incentivos»
El canciller alemán ha zanjado cualquier atisbo de duda tras el encuentro gubernamental. «Nosotros, en el Gobierno federal, nos mantendremos en este camino que nos hemos marcado juntos», sentenció Merz en la rueda de prensa posterior. El líder de la CDU fue más allá y calificó de «insuficientes» y carentes de «argumentos fácticos» las demandas de sus compañeros de filas en los länder orientales.
«La cuestión de la jubilación anticipada ya la hemos abordado en el comité de coalición, y estamos de acuerdo en que debemos eliminar todos los incentivos para la jubilación anticipada, y así debe seguir siendo», declaró Merz, dejando claro que la supresión de la llamada «Rente mit 63» es un «elemento central» de la reforma que no admite fisuras.
El este se rebela: una fractura territorial y electoral
La decisión del canciller no ha caído bien en los Estados federados del este de Alemania. Siete de los 16 presidentes regionales han reclamado que se mantenga la jubilación anticipada para los que han cotizado 45 años. Entre ellos se encuentran tres barones de la propia CDU –Michael Kretschmer (Sajonia), Sven Schulze (Sajonia-Anhalt) y Mario Voigt (Turingia)– que se han opuesto conjuntamente a la abolición.
El malestar no es casual. En estos territorios, donde la extrema derecha está ganando terreno, la reforma es percibida como un ataque a los trabajadores que han dedicado toda una vida al esfuerzo. Además, el propio Schulze afronta elecciones regionales en algo más de una semana. A ellos se suma la socialdemócrata Manuela Schwesig, primera ministra de Mecklemburgo-Antepomerania, donde los comicios se celebrarán el 20 de septiembre.
El propio Merz ha tenido que salir al paso de las acusaciones de que se trata de una cuestión territorial, aunque ha reconocido que en el este «hay más personas que no tienen otra seguridad que la pensión legal». El canciller ha defendido que la medida es «también y especialmente en interés de los länder orientales» ante la escasez de mano de obra cualificada, e incluso se ha mostrado «algo sorprendido» por la falta de entendimiento de sus colegas.
La letra pequeña de una reforma radical
La abolición de la jubilación anticipada es solo una pieza de un engranaje mucho mayor. El Gobierno alemán ha dado luz verde a un ambicioso paquete de 33 medidas presentado en junio por la comisión de pensiones. Entre los cambios más drásticos se encuentra la vinculación de la edad de jubilación a la esperanza de vida: por cada año adicional de vida, la edad de retiro se retrasará ocho meses, lo que, según las proyecciones actuales, llevaría la edad de jubilación a los 70 años en torno a 2092.
La edad legal de jubilación en Alemania ya está fijada en los 67 años para los nacidos en 1964 o después. La «pensión a los 63», que en realidad ya no se podía disfrutar a esa edad para todos los nacidos después de 1953, permitía a quienes habían acumulado 45 años de cotizaciones acceder a la jubilación sin descuentos.
Grietas en el SPD y el fantasma de las «cláusulas de dureza»
Ni siquiera en las filas del socio de coalición hay un apoyo unánime. El SPD ya ha pedido reconsiderar la decisión, y el portavoz parlamentario Dirk Wiese ha reclamado una cláusula de dureza para los trabajadores que hayan soportado grandes cargas físicas, un modelo similar a la pensión de trabajos pesados austriaca.
Merz, sin embargo, se ha mostrado inflexible y ha asegurado que el Gobierno «tiene los medios» para afrontar la transformación del sistema, incluso en un contexto de veranos cada vez más calurosos y demandas de inversión en protección climática.
El futuro del Estado del Bienestar alemán, en juego
La decisión de Merz de mantener el rumbo, pese a la tormenta política, confirma su promesa electoral de que «los alemanes tienen que trabajar más». El canciller ha conseguido que la coalición de la CDU/CSU y el SPD apruebe la reforma, pero el coste político podría ser alto, especialmente en los territorios orientales donde el descontento social ya se deja sentir.
Alemania se enfrenta a un cambio de paradigma en su modelo social. La era de las jubilaciones tempranas y sin recortes toca a su fin, y el país se prepara para un futuro en el que trabajar hasta los 70 años será la norma. La pregunta que sobrevuela el debate es si la sociedad alemana está preparada para asumir las consecuencias de una reforma que, aunque necesaria para la sostenibilidad del sistema, amenaza con agrietar el pacto social y político de la mayor economía de Europa.

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