21 de agosto de 2026

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El gesto de Trump que Corea del Norte respondió con misiles: el desaire de Kim Yo-jong al presidente estadounidense

Official portrait of President Donald J. Trump, Friday, October 6, 2017. (Official White House photo by Shealah Craighead)

Pyongyang lanza una decena de proyectiles y califica de «indigno de comentario» el recorte de maniobras militares ordenado por la Casa Blanca, mientras la hermana del líder norcoreano niega cualquier contacto reciente entre ambos mandatarios

La península de Corea se ha convertido en las últimas horas en un tablero de ajedrez geopolítico donde cada movimiento parece encontrar una respuesta inmediata y, en el caso de Pyongyang, contundente. Lo que Donald Trump presentó como un gesto de buena voluntad —la reducción a la mitad de los ejercicios militares conjuntos con Corea del Sur— ha sido recibido por el régimen de Kim Jong-un con una andanada de misiles y un mensaje de desdén que desmonta cualquier expectativa de un acercamiento inmediato.

Un anuncio sorpresa que buscaba dos objetivos

El pasado fin de semana, el presidente estadounidense anunció a través de sus redes sociales su decisión de «rebajar sustancialmente» las maniobras Ulchi Freedom Shield, un ejercicio de once días de duración concebido para ensayar la respuesta a un eventual ataque norcoreano. La medida, según sus propias palabras, perseguía un doble propósito: castigar a Seúl por su negativa a participar en la guerra de Irán y, al mismo tiempo, tender una mano a Pyongyang. Trump aseguró el lunes en el Despacho Oval que Kim Jong-un había «respondido» a sus deferencias con una comunicación «muy positiva», aunque no ofreció detalles al respecto.

La respuesta de Pyongyang: misiles y desprecio

Sin embargo, el régimen norcoreano ha optado por su lenguaje predilecto: los misiles. Alrededor de las cinco de la tarde (hora local) de este jueves, Corea del Norte realizó un ensayo armamentístico en el que disparó «alrededor de una decena» de proyectiles de corto alcance, según informó el Estado Mayor Conjunto surcoreano. Los lanzamientos, que se produjeron solo un día después de que Pyongyang desestimara la oferta de Trump, han sido interpretados como un rechazo en toda regla a cualquier tentativa de diálogo.

Pero la respuesta no se limitó a los proyectiles. La propaganda estatal norcoreana emitió un comunicado atribuido a Kim Yo-jong, hermana y mano derecha del líder, que desmontaba por completo la versión de Trump. La influyente figura del régimen calificó la reducción de los ejercicios militares como una cuestión «indigna de comentario» y denunció que la «política hostil» de Estados Unidos no ha cambiado. Kim Yo-jong también negó tener conocimiento de contactos recientes entre ambos mandatarios, aunque calificó la relación personal de su hermano con Trump de «excelente».

La palabra de Trump contra la de Pyongyang

La contradicción entre las declaraciones de la Casa Blanca y las de Pyongyang no podría ser más evidente. Mientras Trump aseguraba que Kim Jong-un había respondido positivamente a sus gestos, la hermana del líder norcoreano afirmaba desconocer cualquier tipo de comunicación reciente. «La naturaleza provocativa y agresiva de los ejercicios no cambiará aunque se reduzcan su duración y su tamaño», subrayó Kim Yo-jong, dejando claro que el recorte de las maniobras no modifica la percepción norcoreana sobre Washington.

Pocas horas antes de la andanada de misiles, Trump había asegurado que mantendrá un encuentro personal con Kim en los próximos meses. El presidente estadounidense, que ha expresado en múltiples ocasiones su voluntad de reeditar el apretón de manos compartido en Singapur en junio de 2018, parece empeñado en recuperar la foto que marcó su primera administración. Según informó The Wall Street Journal, Trump ha instruido a sus asesores para promover una reunión con Kim durante la cumbre del APEC que se celebrará en Shenzhen (China) el próximo mes de noviembre.

El fantasma de las cumbres fallidas

El historial de encuentros entre ambos líderes no invita precisamente al optimismo. Los tres cumbres que mantuvieron durante el primer mandato de Trump —Singapur en junio de 2018, Hanoi en febrero de 2019 y la reunión en la zona desmilitarizada intercoreana ese mismo año— no dejaron avance alguno más allá de la histórica fotografía. Las negociaciones fracasaron entonces por la pretensión estadounidense de obtener una desnuclearización plena antes de levantar las sanciones.

Ahora, cuatro años después de aquellos intentos fallidos, el arsenal nuclear de Pyongyang no solo no se ha reducido, sino que ha incrementado su capacidad hasta el punto de poder alcanzar el territorio continental de Estados Unidos. Los analistas señalan que el Kim Jong-un de hoy no es el mismo que buscaba un acercamiento con Washington: sus crecientes lazos con China y Rusia han modificado por completo su cálculo geopolítico. «Parece que Trump no se da cuenta de que el Kim Jong-un de hoy no está interesado en mejorar las relaciones con Estados Unidos», ha señalado un experto citado por medios internacionales.

Un juego de tres bandas

La situación se complica aún más por el papel de China. El gigante asiático está aprovechando el distanciamiento entre Washington y Pyongyang para cortejar a Corea del Sur, en un movimiento que busca ampliar su influencia en la región. La perspectiva de una nueva cumbre Trump-Kim en suelo chino durante el APEC de noviembre brinda a Pekín una oportunidad única para posicionarse como mediador en un conflicto que involucra armas nucleares y que permanece oficialmente sin resolver desde hace más de siete décadas.

Mientras tanto, la Casa Blanca insiste en la posibilidad de un nuevo encuentro. Trump, atascado en el conflicto con Irán, parece recurrir a un rostro conocido en busca de una victoria diplomática que reactive su agenda exterior. Pero Pyongyang, por ahora, ha dejado claro que ni los misiles ni los mensajes de su dirigencia dejan espacio para la ambigüedad: el gesto de Trump ha sido recibido con desdén, y la puerta al diálogo, al menos por ahora, permanece cerrada.

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