A solo horas de que los ciudadanos de Sajonia-Anhalt acudan a las urnas este domingo, el panorama político alemán se prepara para un terremoto sin precedentes. La formación Alternativa para Alemania (AfD) ha alcanzado su techo histórico en las encuestas, y el establishment político mira con inquietud cómo el partido, clasificado como «extremista de derechas confirmado» por el servicio de inteligencia interior del estado, se sitúa a solo dos escaños de conseguir una mayoría absoluta que le permitiría gobernar en solitario por primera vez en una región del país.
Según la última oleada del Instituto INSA para el portal ‘Nius’, la AfD obtendría un 43% de los votos, lo que supone duplicar el resultado que ya logró hace cinco años. Pero no es la única encuesta que dibuja un escenario adverso para los partidos tradicionales: el ‘Politbarómetro’ del ZDF, elaborado por la Forschungsgruppe Wahlen, otorga a la formación de Alice Weidel un 41%, mientras que el ‘Sachsen-Anhalt-Trend’ de Infratest dimap para la ARD la sitúa en un 42%. Los datos varían ligeramente, pero todos coinciden en lo esencial: la CDU del ministro-presidente Sven Schulze se desploma hasta el 22-23%, un dato que algunos analistas ya califican de «histórico» por la debacle que representa.
La maquinaria electoral de la AfD se ha mostrado imparable. Su candidato, Ulrich Siegmund, considerado una estrella del pop en sus mítines, ha centrado su campaña en un discurso antiinmigración y soberanista que está calando hondo en una sociedad preocupada por el futuro económico. «Alemania está regalando dinero al mundo entero», ha llegado a afirmar, en referencia a las prestaciones sociales que, según él, se destinan a ciudadanos no alemanes. Weidel, por su parte, ya ha dado la orden: «Vamos a gobernar», aseguró en una entrevista de verano, dejando claro que Sajonia-Anhalt es solo «el primer paso».
El contexto económico, caldo de cultivo para el auge de la AfD
Pero el fenómeno AfD no se entiende sin mirar los datos macroeconómicos de la región. Sajonia-Anhalt, el estado federado con la población más envejecida de Alemania (con una media de edad de casi 50 años), arrastra una tasa de desempleo del 8,1%, muy por encima de la media nacional del 6,4%. Además, su PIB real se contrajo un 0,2% en 2025, en un contexto de estancamiento general. Los votantes han señalado el empleo, los salarios y la economía como sus principales preocupaciones, y la AfD ha sabido capitalizar ese descontento.
Sin embargo, los expertos advierten de que las recetas de la ultraderecha podrían agravar los problemas estructurales de la región. Thorsten Alsleben, director gerente de la Iniciativa Nueva Economía Social de Mercado (INSM), ha señalado a Euractiv que la política migratoria restrictiva que propugna la AfD entra en conflicto directo con la fuerte demanda de mano de obra cualificada que existe en Sajonia-Anhalt. «El mayor problema económico de Alemania no es la inmigración excesiva, sino la escasez de trabajadores cualificados», afirmó Alsleben, advirtiendo de que el envejecimiento de la población hace que la región dependa de la inmigración para sostener su tejido productivo.
La sombra de la desinformación y el «efecto Schmuddel»
En este ambiente enrarecido, la desinformación ha hecho acto de aparición. En los últimos días, ha circulado por redes sociales como X una supuesta encuesta de INSA que otorgaba a la AfD un 46% de los votos, sugiriendo una mayoría absoluta holgada. La imagen, que atribuía falsamente el encargo a la ‘Mitteldeutsche Zeitung’, fue rápidamente desmentida por el instituto demoscópico y por el periódico, que ha anunciado que estudia acciones legales. «Es falso. Eso no viene de nosotros», zanjó el director de INSA, Hermann Binkert. El bulo, que cometía errores de cálculo «burdos» según la FAZ, evidencia la tensión preelectoral y el interés de ciertos sectores por inflar el resultado de la formación de ultraderecha.
Un fenómeno que también ha llamado la atención de los analistas es el llamado «efecto Schmuddel» (efecto desvergüenza). Según el propio Binkert, «ya no hay reparo en decir que se vota a la AfD», lo que explica que las encuestas reflejen sin tapujos una intención de voto que antes podía ocultarse por presión social. Esta normalización, combinada con el desgaste de los partidos tradicionales, dibuja un escenario inédito para el domingo.
¿Qué pasa después del domingo?
Aunque la AfD parte como favorita, la mayoría absoluta no está garantizada. Con un 41% o 43% de los votos, necesitaría aliados para gobernar, y el resto de formaciones han levantado un cordón sanitario en su contra. Sin embargo, la aritmética parlamentaria es compleja: la CDU necesitaría el apoyo de La Izquierda para formar gobierno sin la AfD, algo que rechaza una mayoría de los encuestados. La fragmentación del voto, con partidos como el BSW o el FDP al borde de quedarse fuera del Parlamento, podría abrir una crisis institucional de difícil solución.
Lo que está claro es que el mapa político de Alemania del Este está a punto de cambiar para siempre. La AfD, que ya lidera las encuestas en otros estados como Turingia o Brandeburgo, podría convertir Sajonia-Anhalt en el primer domino de una caída que muchos temen y que otros, como Alice Weidel, celebran como el inicio de una nueva era.

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