La diputada Nabila Mounib, del Partido Socialista Unificado (PSU), reclama la soberanía marroquí sobre los territorios españoles tras la visita de los Reyes y descarta una vía militar, mientras el Gobierno de Sánchez mantiene su rechazo «tajante» a cualquier negociación.
La política marroquí volvió a tensar esta semana el delicado equilibrio de las relaciones hispano-marroquíes. La diputada Nabila Mounib, exsecretaria general del Partido Socialista Unificado (PSU) y una de las voces más reconocidas de la oposición de izquierdas en el parlamento de Rabat, reclamó públicamente la soberanía de su país sobre Ceuta, Melilla y las islas Chafarinas. Lo hizo apenas unos días después de que los Reyes de España, Felipe VI y Letizia, realizaran una visita oficial a las dos ciudades autónomas, un gesto que, lejos de pasar desapercibido en Rabat, ha reactivado el discurso reivindicativo de una parte de la clase política marroquí.
«Con toda la fuerza, pero con inteligencia»
Las declaraciones de Mounib, recogidas por el medio marroquí Alalam24 y difundidas en español por el analista saharaui Taleb Alisalem, no dejaron lugar a dudas sobre su posición de fondo, aunque sí matizaron la estrategia. «Ceuta y Melilla son marroquíes; nosotros, los marroquíes, estamos dispuestos a defenderlas con toda nuestra fuerza, pero con inteligencia», afirmó la parlamentaria. En sus palabras, la reivindicación territorial no debe interpretarse como una amenaza de confrontación armada. De hecho, Mounib fue explícita al descartar esa vía: «No nos arrojaremos a la perdición ni a una guerra destructiva con nuestros vecinos españoles, con quienes apenas estamos empezando a arreglar las relaciones».
La dirigente socialista marroquí fue más allá y situó la reclamación en el terreno de la negociación diplomática, pero sin fijar plazos. «Sabemos cuándo vamos a abrir el debate y negociar con el Estado español, que es un Estado soberano, para recuperar Ceuta, Melilla y las islas Chafarinas, eligiendo el momento adecuado», señaló, dejando entrever que existe una hoja de ruta calculada en Rabat. En su intervención, Mounib vinculó directamente esta reivindicación con el giro que el Gobierno de Pedro Sánchez dio en marzo de 2022 sobre el Sáhara Occidental, cuando Madrid pasó a considerar la propuesta de autonomía marroquí como la base «más seria, realista y creíble» para resolver el conflicto. Para la diputada, ese reconocimiento implícito de la «marroquinidad» del Sáhara sienta un precedente que, a su juicio, legitima la reclamación sobre Ceuta y Melilla.
La respuesta del Gobierno: «Ni hemos hablado ni vamos a hablar»
El Ejecutivo español no tardó en reaccionar. El ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, ha sido tajante en varias comparecencias públicas a lo largo de los últimos meses. «Ceuta y Melilla son España y ni hemos hablado ni vamos a hablar nunca jamás con Marruecos sobre nuestra integridad territorial», zanjó Albares en una entrevista en RTVE, donde calificó de «inaceptables» las reivindicaciones procedentes de responsables políticos marroquíes. Fuentes del Ministerio de Exteriores han reiterado en varias ocasiones que ambas ciudades son «frontera de España y de la Unión Europea» y que su soberanía está «reconocida internacionalmente».
La posición del Gobierno socialista, sin embargo, convive con una paradoja que la oposición ha explotado con fines políticos. El partido Unión Socialista de Fuerzas Populares (USFP), formación histórica marroquí considerada «hermana» del PSOE, incluye en su declaración de principios la reclamación de soberanía sobre Ceuta, Melilla y hasta las Islas Canarias. Esta afinidad ideológica no ha pasado desapercibida para formaciones como Vox, que han exigido explicaciones sobre el apoyo institucional y financiero que la Fundación Pablo Iglesias, vinculada al PSOE, ha brindado a la USFP en sus congresos.
Un Congreso que evita pronunciarse
El pulso por la españolidad de los territorios también se ha librado en el plano parlamentario. En septiembre de 2026, la Comisión de Asuntos Exteriores del Congreso de los Diputados rechazó una proposición no de ley de Vox que instaba a reafirmar la «plena e indiscutible» soberanía española sobre Ceuta, Melilla y las islas Chafarinas, entre otros enclaves del norte de África. La iniciativa contó con la abstención del Partido Popular y el voto en contra del PSOE y sus socios de investidura, lo que evidenció la incomodidad de los grupos parlamentarios a la hora de fijar por escrito una declaración de soberanía que, sobre el papel, nadie cuestiona en público, pero que genera divisiones tácticas en privado.
La reclamación de Mounib, en cualquier caso, no es un hecho aislado. Se enmarca en una estrategia más amplia de la izquierda marroquí, que a través de la coalición Alianza Izquierda —integrada por el PSU y la Federación Democrática de la Izquierda— emitió un comunicado en el que calificaba la visita de los Reyes de «paso provocador» y acusaba a España de buscar una «falsa legitimidad» para la «ocupación» de las dos ciudades. El texto, además, condicionaba la cooperación futura con España y la Unión Europea al reconocimiento de las pretensiones territoriales marroquíes.
El dilema de fondo: soberanía frente a ‘realpolitik’
El episodio deja un interrogante que trasciende las declaraciones de una diputada. La reivindicación de Ceuta, Melilla y las Chafarinas es un lugar común en el discurso político marroquí, pero rara vez se articula con la claridad estratégica que ha empleado Mounib: sin amenazas militares, apelando a la negociación y vinculándola al precedente del Sáhara. El Gobierno de Sánchez, por su parte, sostiene un rechazo frontal en lo público, mientras su socio ideológico en Rabat, la USFP, mantiene la reclamación en su ideario. La pregunta que planea sobre el aire es hasta qué punto esa contradicción es sostenible en un contexto de «luna de miel» diplomática entre Madrid y Rabat, o si, por el contrario, la visita de los Reyes y la posterior reacción de la izquierda marroquí han abierto una grieta que el tiempo y las urnas —con las elecciones generales del 29-N en el horizonte— se encargarán de ensanchar o cerrar.

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