18 de octubre de 2026

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Abascal eleva el tono internacional y vincula los disturbios de Francia con el «islamoizquierdismo» que, a su juicio, amenaza a España tras el 29-N.

El líder de Vox reacciona a la oleada de violencia en las protestas francesas, que se saldó con más de 1.200 detenciones y 150 agentes heridos, y advierte de que ese es «el camino» al que, según él, quiere llevar a España el Gobierno de Sánchez y sus aliados. La dirección de la formación traslada el marco del debate: de la crisis educativa y social gala a la seguridad y la inmigración como ejes del voto

Santiago Abascal ha convertido la crisis social francesa en un arma arrojadiza de la precampaña española. El presidente de Vox reaccionó este domingo a los graves disturbios registrados el sábado en las principales ciudades de Francia con un mensaje en la red social X en el que no se limitó a condenar la violencia, sino que la proyectó directamente sobre el escenario político español. «Esto es lo que espera a Europa con el islamoizquierdismo. Bárbaros arrasando todo resto de belleza y civilización. Este es el camino al que nos quieren conducir Sánchez y sus socios tras el 29-N». Con esas palabras, Abascal trasladaba el foco del debate: de las reivindicaciones sociales que originaron las protestas en Francia —el deterioro de la educación pública y el coste de la vida— a la seguridad, la inmigración y la confrontación ideológica como ejes centrales de la cita electoral del 29 de noviembre.

El detonante: una jornada de violencia sin precedentes recientes

Las protestas del sábado 17 de octubre en Francia, convocadas por sindicatos y organizaciones estudiantiles, derivaron en una espiral de violencia y saqueos que obligó al Gobierno galo a activar un dispositivo de seguridad masivo. El primer ministro, Sébastien Lecornu, compareció de urgencia para informar de que las fuerzas del orden habían practicado más de 1.200 detenciones y de que 150 policías y gendarmes habían resultado heridos en los enfrentamientos. Lecornu calificó de «milagro» que el balance de víctimas no fuera más grave y denunció lo que describió como una «maniobra política» detrás de los actos violentos.

Las cifras, sin embargo, no han dejado de actualizarse. Fuentes del Ministerio del Interior francés elevaron posteriormente el balance a 1.800 detenidos y más de 500 agentes heridos, una actualización que confirma la magnitud de una jornada que el titular de Interior, Laurent Nuñez, atribuyó a «varios miles de individuos de la ultraderecha» a los que, según su versión, se sumaron después «delincuentes» que saquearon y devastaron establecimientos en París, Marsella, Lyon, Burdeos, Rennes, Estrasburgo, Grenoble y Niza, entre otras ciudades.

La estrategia de Vox: del caso francés al 29-N

La reacción de Abascal no fue un exabrupto aislado, sino la aplicación de una estrategia coordinada. El jefe de la delegación de Vox en el Parlamento Europeo, Jorge Buxadé, se sumó al marco interpretativo con un mensaje en el que vinculó explícitamente los disturbios con la cita electoral española. «El #29N nos jugamos que España no sea arrastrada por el PSOE y la islamoizquierda a esta borrachera de violencia y barbarie», escribió Buxadé, que además respondió al líder de La Francia Insumisa, Jean-Luc Mélenchon, acusando a la «islamoizquierda» de ser «la responsable» de la violencia «en Francia y en toda Europa».

El marco no es nuevo en el discurso de Vox. A lo largo de 2026, Abascal ha construido un relato que entrelaza la política migratoria con la seguridad ciudadana y que utiliza episodios de violencia en Europa —desde el asesinato de un joven francés en junio hasta los disturbios de octubre— como evidencia de los riesgos de lo que denomina «multiculturalismo» y «fronteras abiertas». La novedad de esta intervención radica en el momento: a menos de dos semanas del arranque formal de la campaña electoral y con las encuestas situando a Vox en una horquilla de entre 45 y 55 escaños, la formación busca rentabilizar el clima de inseguridad percibida para movilizar a su electorado y captar el voto útil de la derecha más dura.

El contraste con el relato oficial francés

La lectura que Abascal hace de los disturbios contrasta con la que han ofrecido las autoridades francesas. El ministro del Interior, Laurent Nuñez, no atribuyó la violencia a la «islamoizquierda», sino a «varios miles de individuos de la ultraderecha» que, según afirmó, se infiltraron en las marchas para sembrar el caos. El primer ministro Lecornu, por su parte, calificó los incidentes como una «maniobra política» y aseguró que su Gobierno no cederá ante las «intimidaciones». El presidente Emmanuel Macron advirtió de que los responsables serán «perseguidos y castigados», y el ministro de Justicia, Gérald Darmanin, dio instrucciones a las fiscalías para que solicitaran prisión provisional para los detenidos por ataques a la policía o a edificios públicos.

La discrepancia entre ambas lecturas —la francesa, que apunta a la ultraderecha; la de Vox, que señala al «islamoizquierdismo»— revela que el debate sobre los disturbios se libra tanto en el terreno de los hechos como en el de los marcos interpretativos. Y en ese terreno, Vox ha movido ficha con una claridad meridiana: cada crisis europea es una oportunidad para reforzar su relato de cara al 29-N.

La precampaña de la seguridad

La intervención de Abascal se produce en un contexto de creciente protagonismo de la seguridad y la inmigración en la agenda política española. Las cifras de población reclusa extranjera, el debate sobre la expulsión de delincuentes y la gestión de la crisis migratoria de Ceuta y Melilla han ido desplazando progresivamente a la vivienda como eje central del debate, en un movimiento que beneficia a Vox y que el PP observa con atención. La formación de Abascal ha celebrado recientemente actos en San Lorenzo de El Escorial y ha escenificado su internacionalización con el respaldo de Marine Le Pen y Viktor Orbán en Bruselas, movimientos que dibujan una precampaña en la que Vox busca presentarse como la única fuerza que conecta la política española con la ola de la derecha radical europea.

Queda por ver si ese marco interpretativo —el «islamoizquierdismo» como amenaza existencial— resonará con la suficiente fuerza entre un electorado que, según los sondeos, sigue mayoritariamente inclinado hacia el Partido Popular como primera fuerza de la derecha. Lo que es indiscutible es que Abascal ha logrado lo que buscaba: que los disturbios de Francia se lean en España como un anticipo de lo que, a su juicio, está por venir si el 29-N no se produce un cambio de rumbo.

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