El presidente de Agrupación Nacional evita pronunciarse en BFMTV sobre si el islam es compatible con la República y responde con un programa de choque: cierre de mezquitas, expulsión de extranjeros radicalizados y un referéndum sobre el velo en el espacio público que ya cuenta con el 60% de apoyo popular
Jordan Bardella ha convertido una pregunta incómoda en una plataforma electoral. Durante su entrevista en el programa 100% Mabrouk de BFMTV, la periodista Sonia Mabrouk insistió hasta en cuatro ocasiones en obtener una respuesta binaria: ¿es el islam compatible con la República francesa? El presidente de Agrupación Nacional (RN) no pronunció ni un sí ni un no. Se escudó en que no es teólogo, en que esa es una cuestión que corresponde a los propios musulmanes y en que él no ataca a las religiones. Pero la evasiva no fue un gesto de moderación: fue el preludio de una ofensiva anunciada con precisión quirúrgica.
«Francia enfrenta un entrismo islamista cada día más peligroso», declaró Bardella antes de desgranar su programa: «Cerraremos las mezquitas radicales, expulsaremos a los extranjeros radicalizados y disolveremos las asociaciones ligadas a los islamistas». La secuencia, que duró varios minutos, terminó sin que el dirigente pronunciara la frase que Mabrouk le reclamaba. No dijo que el islam sea compatible. Tampoco afirmó explícitamente que sea incompatible. Eligió el desvío político: religión por un lado, islamismo por el otro.
La estrategia del referéndum
El anuncio de Bardella no es un exabrupto aislado, sino la culminación de una estrategia que RN viene desplegando desde finales de agosto. El pasado 31 de agosto, el dirigente ya había confirmado que, en caso de victoria de Marine Le Pen en 2027, su partido organizaría varios referéndums: el primero sobre inmigración, y un segundo, a lo largo del quinquenio, sobre «la ideología islamista». La fórmula permite sortear el control del Consejo Constitucional, que no puede pronunciarse sobre las leyes referendarias al ser consideradas «expresión directa de la soberanía nacional».
En el centro de esa ofensiva está el velo. Bardella lo calificó durante la entrevista como «un instrumento de discriminación entre el hombre y la mujer» y sostuvo que su presencia no es deseable en la sociedad francesa. La propuesta de RN contempla extender la prohibición de signos religiosos visibles más allá de la escuela —donde rige desde la ley de 2004— hasta el conjunto del espacio público, con una posible multa cuyo importe aún no se ha concretado. Una de las pistas que maneja el partido es inspirarse en la legislación sobre la burqa, castigada con una contravención de 150 euros.
Un respaldo popular que incomoda
La apuesta de Bardella no se produce en el vacío. Según un sondeo realizado a principios de septiembre para CNews, Europe 1 y Le Journal du dimanche, el 60% de los franceses respalda la prohibición del velo islámico en el espacio público. El apoyo es mayoritario entre los seniors y los simpatizantes de derecha y extrema derecha, aunque la cifra supone un descenso respecto al 69% que registraba la misma medida en noviembre.
Ese respaldo popular convive con un creciente cuestionamiento jurídico. El gobierno francés ha emitido «reservas» sobre la constitucionalidad y la aplicabilidad de una prohibición general del velo en el espacio público, y su portavoz, Maud Bregeon, ha señalado que, si la cuestión se planteara, debería hacerse «para el conjunto de los signos religiosos visibles, no únicamente para el velo». La dificultad técnica es evidente: la ley de 1905 consagra la laicidad y la neutralidad del Estado, pero no prohíbe los signos religiosos personales en el espacio público.
La izquierda responde: «Ignoble»
Las reacciones no se han hecho esperar. Jean-Luc Mélenchon calificó la propuesta de «ignoble» en su cuenta de X: «Marine Le Pen quiere enviar a la policía para hacer pagar multas a las mujeres que llevan el velo». La diputada insumisa Aurélie Trouvé denunció en franceinfo una «estigmatización» y un «ensañamiento contra las mujeres, contra las musulmanas y contra decenas de miles de nuestras conciudadanas».
En el mismo plató de BFMTV donde Bardella esquivó la pregunta, el diputado socialista Jérôme Guedj respondió de forma inequívoca: «El islam es compatible con la República francesa». Guedj acusó al presidente de RN de intentar «seguir los pasos de Éric Zemmour» al negarse a responder con claridad. La confrontación entre ambos diputados, en el mismo espacio televisivo y ante la misma pregunta, resumió el clivaje político que atraviesa Francia: unos consideran que la laicidad exige proteger el espacio público de todo signo religioso; otros sostienen que esa lectura estigmatiza a una parte de la ciudadanía.
Una apuesta de doble filo
El cálculo electoral de Bardella es transparente: activar el voto de derecha y extrema derecha en torno a un tema que, según las encuestas, moviliza a una mayoría del electorado. Pero la apuesta tiene riesgos. El propio partido ha exhibido disonancias internas: el diputado Jean-Philippe Tanguy aseguró que la prohibición iría acompañada de una multa, mientras Bardella matizó que «no habrá una policía del vestuario». La portavoz del RN en La Reunión, por su parte, ha prometido que «no habrá policía del vestuario» y ha asegurado que el partido respeta el islam.
Bardella presentó su ofensiva contra el islamismo como parte de un programa más amplio con el que aspira a Matignon si Le Pen gana en 2027. Anunció que presentará en los próximos días un presupuesto alternativo, denunció «despilfarro» de dinero público y fijó sus prioridades: poder adquisitivo, reducción del IVA de la gasolina del 20% al 5,5% y prioridad de las familias francesas en el acceso a vivienda social. Pero la secuencia de BFMTV quedará marcada por la pregunta que no quiso responder. Bardella no dijo que el islam sea incompatible con Francia. Tampoco dijo lo contrario. Lo que hizo fue prometer que, si llega al poder, cerrará mezquitas, disolverá asociaciones y someterá el velo al veredicto de las urnas.

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