Dos hombres, de 30 y 45 años, fueron rescatados con vida este viernes del interior de un túnel de la central hidroeléctrica Trishuli 3A, en el distrito de Rasuwa, después de permanecer atrapados nueve días bajo toneladas de lodo y escombros. La operación, que se ha convertido en un símbolo de esperanza en medio de la mayor catástrofe natural que ha sufrido el país en más de una década, ha confirmado que todavía es posible encontrar supervivientes entre los más de 5.000 desaparecidos que aún buscan los equipos de emergencia.
Los dos rescatados, identificados como Sanjay Shah y Kabir Maharjan, un capataz mecánico y un supervisor, respectivamente, fueron evacuados y trasladados en helicóptero a Katmandú, donde permanecen en observación médica con un estado de salud estable. La noticia fue confirmada por el ministro de Energía, Biraj Bhakta Shrestha, y posteriormente por el ministro del Interior, Sudan Gurung.
Una carrera contrarreloj con la tecnología como aliada
El rescate no ha sido fruto de la casualidad. Detrás de la operación hay un dispositivo sin precedentes que combina el esfuerzo de más de 22.000 efectivos de seguridad —incluidos los del Ejército nepalí—, la cooperación internacional y una herramienta tan cotidiana como inesperada: un grupo de WhatsApp.
Creado por ingenieros antes de la avalancha del 26 de agosto, el chat se ha convertido en el cerebro de las operaciones de rescate en los seis túneles hidroeléctricos donde se cree que aún hay cientos de personas atrapadas. Con más de 500 miembros, entre los que se incluyen ingenieros, autoridades gubernamentales y militares, el grupo comparte planos, coordenadas y asesoramiento en tiempo real para guiar a los equipos sobre el terreno. «¿Pueden enviarme los planos de distribución de Chilime?», escribió un funcionario el pasado sábado. Minutos después, un miembro del grupo respondió con los planos de la central y los detalles de los túneles de acceso.
La magnitud del desafío es colosal. La riada, provocada por el colapso de un glaciar en la región del Himalaya, arrasó una decena de proyectos hidroeléctricos y depositó 2,2 millones de toneladas de lodo y escombros en el valle. Los túneles, diseñados para canalizar agua, quedaron sepultados y, en muchos casos, completamente obstruidos. «La inundación ha alterado el terreno alrededor de los túneles y ha cambiado su estructura, mientras que el lodo, las rocas, la tierra y otros escombros se han acumulado en su interior», explicó el portavoz del Ejército nepalí, Raja Ram Basnet.
Manish Maharjan, un piloto de drones que se ha sumado a las labores de rescate, describe los túneles como «tubos de pasta de dientes»: llenos de lodo, sin ningún hueco ni espacio vacío. Sus drones térmicos han logrado adentrarse en algunos de ellos, pero el acceso es extremadamente complicado: «En cuanto hay curvas, giros o zigzags, se vuelve mucho más difícil operarlos y buscar de manera eficaz».
El drama humanitario: más de 1.200 muertos y miles de desaparecidos
El rescate de Shah y Maharjan ha inyectado un rayo de esperanza en un país que llora la peor tragedia natural desde el terremoto de 2015. El balance oficial, actualizado este miércoles, eleva la cifra de fallecidos a 1.127 personas, con 4.858 desaparecidos. Otras fuentes sitúan la cifra de muertos en más de 1.250. Los cadáveres continúan apareciendo río abajo, en algunos casos a cientos de kilómetros del lugar del desastre, e incluso en la vecina India.
La destrucción ha afectado a ocho distritos, arrasando carreteras, puentes, viviendas y la infraestructura energética del país. Se estima que la riada ha eliminado el 10% de la capacidad de generación eléctrica de Nepal. Al menos 900 trabajadores siguen desaparecidos en 12 proyectos hidroeléctricos sepultados bajo el barro, y se cree que unos 500 de ellos podrían estar atrapados en el interior de los túneles.
Cooperación internacional y un giro diplomático: «Justicia, no ayuda»
La comunidad internacional ha respondido con el envío de equipos de rescate y ayuda humanitaria. India ha desplegado un equipo especializado de 24 miembros para colaborar con el Ejército nepalí, mientras que China ha enviado un equipo de nueve personas al proyecto Upper Trishuli-3A. Japón, por su parte, ha ofrecido suministros de emergencia y ha solicitado la «más plena cooperación» del Gobierno nepalí para rescatar a cinco ciudadanos japoneses desaparecidos.
Pero la respuesta de Katmandú va más allá de la mera aceptación de ayuda. El ministro de Asuntos Exteriores, Shisir Khanal, ha lanzado una ofensiva diplomática sin precedentes para reclamar a los principales emisores de gases de efecto invernadero —India, China y Estados Unidos— una compensación por los daños causados. «No es una cuestión de caridad; es una cuestión de responsabilidad legal y moral», ha afirmado Khanal. El Gobierno nepalí ha solicitado formalmente fondos al Fondo para la Pérdida y el Daño (FRLD), creado en la COP27, y ha instado al primer ministro, Balendra Shah, a llevar esta reivindicación a la Asamblea General de la ONU. «Estamos cambiando nuestro marco diplomático de ‘ayuda’ a ‘justicia y compensación'», ha subrayado el ministro.
La esperanza como motor
Mientras los equipos de rescate continúan perforando túneles, bombeando aire y utilizando cámaras para localizar a más supervivientes, las imágenes de los dos obreros rescatados han recorrido el mundo. En Katmandú, un muro de 25 metros se ha llenado de fotografías de desaparecidos, una última y desesperada muestra de esperanza. El rescate de Shah y Maharjan demuestra que, incluso después de nueve días, la vida puede abrirse paso entre el lodo. La pregunta que flota en el aire es cuántos más podrán ser encontrados antes de que el tiempo se agote definitivamente.

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