4 de septiembre de 2026

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La convocatoria secreta a la embajadora marroquí que tensa aún más la relación con Rabat

El Gobierno de Pedro Sánchez llamó a consultas a la representante de Marruecos el pasado 21 de agosto por las declaraciones «inaceptables» de dos ministros alauitas sobre Ceuta y Melilla. La noticia, desvelada este jueves por el presidente en el Congreso, se produce horas después de que Nizar Baraka, ministro de Obras Públicas marroquí, advirtiera que su país «no retrocederá ni un solo palmo» de lo que considera su territorio nacional.

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha desvelado este jueves en el Congreso de los Diputados una gestión diplomática que hasta ahora se había mantenido en secreto: el pasado 21 de agosto, el Ejecutivo convocó a la embajadora de Marruecos en España, Karima Benyaich, para trasladarle una protesta formal por las declaraciones de dos ministros del reino alauita en las que reivindicaban la soberanía marroquí sobre Ceuta y Melilla.

Según fuentes del Ministerio de Exteriores la embajadora no acudió personalmente a la cita al encontrarse fuera de España, siendo el encargado de negocios quien recibió la nota de protesta en su lugar. Se trata de la primera vez que el departamento que dirige José Manuel Albares rechaza formalmente por la vía diplomática las tesis marroquíes sobre las dos ciudades autónomas. «Las convocatorias de embajadores rara vez se hacen públicas», había declarado el ministro la semana pasada sin concretar entonces si se había adoptado esta medida.

La decisión de hacer pública ahora esta convocatoria responde a la escalada retórica que está protagonizando el Gobierno marroquí en las últimas semanas. El miércoles, el ministro de Justicia, Abdellatif Ouahbi, reivindicó los «derechos históricos y geográficos» de Marruecos sobre ambas ciudades y planteó la necesidad de establecer un mecanismo de diálogo con España para abordar su futuro. Días antes, el ministro de Asuntos Islámicos, Ahmed Toufiq, había utilizado un lenguaje todavía más explícito al evocar durante una ceremonia religiosa encabezada por el rey Mohamed VI la «liberación de las ciudades ocupadas».

La respuesta de Sánchez: soberanía «hasta el fin de los tiempos»

El presidente del Gobierno ha aprovechado su intervención en la sesión monográfica del Congreso para marcar distancias con la ofensiva diplomática marroquí. Sánchez ha defendido mantener una política de «buena vecindad» con Rabat, pero ha subrayado que existen «líneas rojas» que España va a defender «siempre» por considerarlas «perfectamente legítimas». Entre ellas, la integridad territorial y la plena soberanía española sobre Ceuta y Melilla. «Seguirán siendo parte de España hasta el fin de los tiempos», han asegurado fuentes cercanas al presidente.

Sánchez ha insistido además en que el Gobierno no tiene «la mínima intención de desencadenar un conflicto diplomático de primer orden» con el país vecino, pero ha condenado sin ambages las declaraciones de los ministros marroquíes, que califica de «inaceptables». El jefe del Ejecutivo también ha instado al rey Felipe VI a visitar Ceuta y Melilla «en las próximas semanas», algo que ningún monarca español ha hecho desde 2007.

Una crisis migratoria que no cesa

Las declaraciones de Baraka, que este jueves aseguró durante un mitin del partido Istiqlal —del que es secretario general— que «España es un socio esencial para nosotros, pero no retrocederemos ni un solo palmo de nuestro territorio nacional», llegan en un momento de máxima tensión bilateral. El 30 de julio, más de 70.000 personas irrumpieron masivamente en Ceuta en una avalancha migratoria sin precedentes que ha dejado al menos 141 fallecidos. A día de hoy, alrededor de 5.000 migrantes continúan en la ciudad autónoma.

La oposición ha cargado duramente contra la gestión del Gobierno. El líder del Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo, ha calificado a Sánchez de «cobarde» por haber manejado «de forma encubierta» la convocatoria a la embajadora y ha exigido su dimisión «por incompetencia o complicidad». Desde Vox, Santiago Abascal ha lanzado una dura pulla: «Marruecos no necesita embajador en España: tú eres su embajador».

Mientras tanto, Marruecos ha derivado la crisis migratoria hacia una reivindicación de autoridad sobre las ciudades autónomas. Este miércoles, una decena de activistas de la Liga Marroquí para la Defensa de los Derechos Humanos —organización vinculada al Partido Istiqlal— se concentró ante la Embajada de España en Rabat al grito de «¡Ceuta y Melilla son de Marruecos!». La protesta se produce a solo tres semanas de las elecciones legislativas en el país vecino, un contexto en el que la reivindicación soberanista sobre los enclaves españoles está ganando protagonismo en el debate político interno.

Un contexto geopolítico cada vez más complejo

La escalada retórica marroquí sitúa a España ante un escenario diplomático delicado. Marruecos mantiene históricamente reivindicaciones sobre Ceuta y Melilla, pero el hecho de que sean ministros del Gobierno quienes están utilizando un lenguaje cada vez más explícito —primero Toufiq, después Ouahbi y ahora Baraka— supone un salto cualitativo en la estrategia de Rabat. Para el Gobierno español, el desafío consiste en mantener el equilibrio entre una relación estratégica considerada «imprescindible» en materias como inmigración, seguridad y lucha antiterrorista, y la defensa de lo que considera su integridad territorial.

El presidente Sánchez ha apostado por la «prudencia» y ha descartado por ahora acusar a Marruecos de orquestar la crisis migratoria, asegurando que no existen «evidencias sólidas» que lo demuestren. Sin embargo, fuentes policiales han señalado que agentes marroquíes facilitaron activamente el cruce de los migrantes durante diez horas clave el pasado 30 de julio. La tensión, lejos de disiparse, parece haber llegado para quedarse.

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