El lema «Somos de Marruecos y sabemos por qué estamos aquí», hallado en un colegio de la ciudad autónoma, se suma a un informe de la Policía Nacional que atribuye a agentes marroquíes la coordinación de la entrada masiva de julio, mientras las calles se llenan de manifestaciones en defensa de la españolidad del territorio.
La ciudad autónoma de Ceuta atraviesa su peor crisis migratoria e institucional en décadas. Lo que comenzó como una avalancha humana sin precedentes los días 30 y 31 de julio —con más de 70.000 personas cruzando la frontera— se ha transformado en un conflicto diplomático, social y de seguridad que mantiene en vilo a toda España. Dos hechos recientes han elevado la tensión a niveles críticos: la filtración de un informe policial que señala a Marruecos como organizador del éxodo, y la aparición de una enigmática pintada en un colegio de la ciudad que ha sido interpretada como un desafío directo a la soberanía española.
El informe que salpica a Marruecos
Un informe de 55 páginas elaborado por el Centro Nacional de Inmigración y Fronteras (CENIF), dependiente de la Policía Nacional, ha abierto una nueva grieta en la gestión de la crisis. El documento, entregado a la Audiencia Nacional por orden de la magistrada María Tardón, sostiene que la entrada masiva no fue espontánea y describe la intervención sobre el terreno de agentes marroquíes.
Los agentes analizaron imágenes, vídeos y mensajes publicados en redes sociales, así como entrevistas a migrantes y la actividad de teléfonos móviles durante aquellas jornadas. Según el informe, el 90,8% de los números examinados tenía prefijo marroquí. Una de las principales conclusiones es que la llegada simultánea de decenas de miles de personas resulta «incompatible» con un movimiento espontáneo. «Puede considerarse una movilización organizada», señala el texto, que sin embargo no identifica formalmente al Gobierno de Marruecos como autor intelectual.
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha mantenido un silencio que ha sido duramente criticado. Según fuentes de Moncloa, el Ejecutivo ha optado por no señalar a Marruecos para no tensar aún más las relaciones bilaterales. Una postura que muchos ceutíes interpretan como «renuncia diplomática y falta de protección».
«Somos de Marruecos y sabemos por qué estamos aquí»
En medio de este clima de máxima tensión, el periodista Iker Jiménez, durante su visita a Ceuta para el programa ‘Horizonte’, encontró en una de las paredes del colegio público Rosalía de Castro un mensaje que ha dado la vuelta a España. La pintada, que rezaba «Somos de Marruecos y sabemos por qué estamos aquí», fue leída en directo por el presentador, visiblemente afectado.
El centro escolar, ubicado en el corazón de la ciudad, había sido utilizado como asentamiento improvisado por un grupo de migrantes. La frase no es un simple grafiti, según los analistas. Tiene tres capas de significado:
- Identidad nacional: «Somos marroquíes» es una afirmación de pertenencia en un territorio que Marruecos reivindica como propio en su discurso oficial.
- Propósito: «Sabemos por qué estamos aquí» apunta a una motivación consciente, que puede interpretarse como una reivindicación política o una protesta social contra la falta de oportunidades en Marruecos.
- Desafío: La frase funciona como un gesto de desafío hacia las autoridades españolas, un mensaje de presencia y determinación.
El hallazgo de Jiménez no es aislado. En los últimos días han aparecido pintadas similares en varios puntos de la ciudad, incluyendo la Escuela de Idiomas y el Colegio Miguel Hernández. Docentes y vecinos denuncian que los inmigrantes «han vandalizado» estos centros, cruzando los muros por la noche y usando los patios como dormitorio. El colegio Rosalía de Castro, en particular, presentaba un «olor nauseabundo» y restos de excrementos en sus instalaciones.
La respuesta ciudadana: «Ceuta es España»
La indignación ciudadana no se ha hecho esperar. El pasado 2 de septiembre, Día de Ceuta, más de 25.000 personas abarrotaron la Plaza de África en una manifestación multitudinaria convocada para reivindicar la españolidad de la ciudad. Banderas españolas y ceutíes ondearon al grito de «Ceuta no se vende, Ceuta se defiende».
El presidente de la Ciudad Autónoma, Juan Jesús Vivas, hizo un llamamiento a la ciudadanía española para que se sumara a las concentraciones convocadas ante los ayuntamientos de toda España. «Lo que está en juego en Ceuta es la causa de toda España», afirmó Vivas en un manifiesto en el que defendió que la pertenencia de la ciudad a España se sustenta en la historia, el Derecho y la voluntad democrática de los ceutíes. «Ceuta eres y serás siempre España», proclamó el documento.
Las manifestaciones no han sido un fenómeno aislado en Ceuta. Más de 200 concentraciones recorrieron toda España en apoyo a la ciudad autónoma. En Asturias, varios miles de personas se concentraron coreando consignas en defensa de la soberanía. La compra de banderas de Ceuta se disparó, convirtiéndose en el artículo más vendido en Amazon en el último mes.
Un tablero geopolítico
Mientras tanto, la realidad en la calle es otra: barrios saturados, colegios con pintadas, playas ocupadas y una población que denuncia sentirse superada y desamparada. El Gobierno declaró el 25 de agosto la situación de interés para la Seguridad Nacional en Ceuta, al considerar que la llegada masiva había generado una presión inédita sobre las capacidades ordinarias de control fronterizo y servicios públicos.
Pero el conflicto trasciende lo migratorio. Figuras políticas marroquíes han defendido en distintos momentos que Ceuta y Melilla son ciudades marroquíes «ocupadas». La frase «Somos de Marruecos y sabemos por qué estamos aquí» es, en el fondo, una declaración de que para muchos jóvenes marroquíes, Ceuta no es frontera: es «territorio al que tienen derecho».
«Las pintadas no son el problema: son el síntoma», concluye el análisis de La Bandera. El verdadero conflicto está en la presión migratoria sin precedentes, la falta de control fronterizo, la ambigüedad diplomática y la fractura social que se está abriendo en Ceuta. Una ciudad que se ha convertido en un tablero donde se juega mucho más que una crisis migratoria.

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