La policía sueca ha detenido a un nuevo sospechoso por su presunta implicación en la agresión del pasado 21 de agosto en Fagersta, que acabó con la vida de una adolescente de 17 años y dejó a otros tres estudiantes heridos. Las autoridades investigan si el atacante principal, un joven de 18 años, estaba conectado con plataformas digitales que promueven la violencia en las aulas
Suecia no logra reponerse del shock. El pasado 21 de agosto, un ataque con espada en el instituto Brinell de Fagersta, una localidad situada al noroeste de Estocolmo, sacudió los cimientos del sistema educativo sueco. Lo que en un principio pareció la acción de un único agresor ha dado un giro inesperado: este miércoles, la Fiscalía confirmó la detención de un segundo hombre, sospechoso de complicidad en asesinato e intento de asesinato.
Las autoridades no han revelado ni la edad ni el grado de implicación de este nuevo arrestado, que permanece en custodia a la espera de que el jueves al mediodía se decida si se solicita su prisión preventiva o su puesta en libertad. El principal sospechoso, un estudiante de 18 años del mismo centro, ya se encuentra detenido desde el mismo día de los hechos, acusado de asesinato e intento de asesinato.
El suceso tuvo lugar en plenas horas lectivas. La víctima mortal fue una joven de 17 años, mientras que otros tres chicos resultaron heridos: dos de ellos, de 12 y 17 años, sufrieron lesiones graves; el tercero, menor de 18 años, fue dado de alta tras recibir atención médica por heridas leves. Durante la operación para detener al presunto autor material, los agentes efectuaron disparos, aunque el joven no resultó alcanzado.
Uno de los frentes abiertos por la investigación es el posible vínculo del agresor con comunidades en línea que glorifican la violencia escolar. Fuentes cercanas al caso han confirmado que una cuenta de TikTok presuntamente perteneciente al sospechoso fue eliminada tras el ataque. En ella, según la policía, se publicaban vídeos que ensalzaban este tipo de agresiones y una imagen de una espada, aparentemente tomada dentro de los cuartos de baño del instituto Brinell.
La conmoción ha alcanzado la máxima instancia política. El primer ministro, Ulf Kristersson, viajó hasta Fagersta el sábado para rendir homenaje a la víctima junto a la líder de la oposición, Magdalena Andersson. «Lo que nunca debería haber sucedido, ha vuelto a suceder», lamentó el jefe del Ejecutivo.
Y es que Suecia acumula una triste y reciente historia de violencia en sus centros educativos. En 2025, once personas, incluido el atacante, murieron en un tiroteo masivo en un centro de educación para adultos en Örebro, el más mortífero de la historia del país. En 2022, dos profesoras fueron asesinadas a cuchillo y hacha en una escuela de Malmö. Y en 2015, Trollhättan fue escenario de un ataque con espada que acabó con tres vidas, un crimen que las autoridades calificaron entonces como de odio racista.
Mientras los investigadores tratan de desentrañar si este nuevo arresto confirma la existencia de una trama más amplia o si se trata de un colaborador puntual, el país escandinavo se enfrenta una vez más al dolor y a la pregunta que ningún sistema educativo quiere formularse: ¿cómo evitar que la barbarie vuelva a cruzar las puertas de un instituto?

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