El Ministerio del Interior francés confirma el balance más grave desde el inicio del movimiento: 71.500 manifestantes en todo el país, 24.500 solo en París, y un «repunte de la violencia» en los márgenes de las marchas pacíficas. El ministro Laurent Nuñez denuncia «individuos encapuchados» que atacan sistemáticamente a las fuerzas de seguridad, mientras los sindicatos estudiantiles exigen 10.000 millones de euros y convocan un nuevo paro para el 13 de octubre
Francia vivió este jueves 8 de octubre una de las jornadas más tensas desde el inicio del movimiento estudiantil que sacude el país desde finales de septiembre. El Ministerio del Interior ha confirmado un balance de 504 personas detenidas y 48 agentes de Policía heridos durante las movilizaciones que congregaron a 71.500 manifestantes en todo el territorio nacional, de los cuales 24.500 se concentraron en la plaza de la Bastilla de París. La cifra de detenidos convierte esta jornada en la más dura desde que comenzaron las protestas, que ya acumulan más de 6.000 interpelaciones desde el 28 de septiembre, según los datos oficiales del Ministerio del Interior recogidos por franceinfo.
El ministro del Interior, Laurent Nuñez, compareció este martes en France Inter para denunciar lo que calificó como un fenómeno «inédito» en los movimientos estudiantiles franceses. «La violencia que encontramos, especialmente contra los enseñantes y las fuerzas de seguridad, que son sistemáticamente atacadas, es inédita», declaró Nuñez, que describió escenas de «individuos encapuchados» y habló abiertamente de «violencias urbanas» para justificar el despliegue policial. El ministro aseguró que las fuerzas del orden actúan «siempre al margen de las protestas estudiantiles pacíficas», que representan la mayoría de los contingentes, pero denunció un «aumento de la violencia urbana» en los márgenes de las marchas.
Un reguero de incidentes en todo el país
Los disturbios no se limitaron a la capital. A lo largo de la jornada se reportaron ataques directos contra instalaciones escolares y personal educativo en varias ciudades. En Burdeos-Lormont, encapuchados saquearon un liceo, provocando daños materiales estimados entre 100.000 y 200.000 euros. En Reims, un agente de policía fue hospitalizado de emergencia tras ser impactado por un proyectil. En Saint-Étienne y Bayona se registraron destrozos en comedores escolares, ventanas rotas y ataques con pirotecnia contra profesores. En Toulouse y Saint-Chamond, un director escolar y un subdirector fueron agredidos físicamente. En Belfort, una investigación judicial se sigue por tentativa de homicidio voluntario contra un policía, presuntamente atacado por dos jóvenes de nacionalidad búlgara, uno de ellos menor de edad.
El Gobierno responde con medidas de emergencia
Ante la escalada, el ministro de Educación, Édouard Geffray, anunció en televisión abierta el despliegue inmediato de 3.000 profesores sustitutos en los centros más saturados entre el viernes y el martes, junto con la contratación de cientos de plazas docentes adicionales y la opción de extender los horarios de clases. Sin embargo, las organizaciones estudiantiles consideraron los anuncios «insuficientes» para levantar las protestas. La portavoz de la Unión Estudiantil, Sabrine Kharbach, fue tajante: «Necesitamos ya medidas concretas. Mientras no se pongan encima de la mesa 10.000 millones de euros, no pararemos la movilización». La organización ha convocado un nuevo paro nacional para el martes 13 de octubre.
El polvorín social que comenzó en los institutos
El origen del conflicto se remonta a finales de septiembre, cuando los estudiantes de secundaria comenzaron a bloquear institutos para protestar por el hacinamiento en las aulas, la falta de profesores y el deterioro de los edificios escolares, problemas que atribuyen a años de infrainversión educativa. Lo que empezó como un movimiento reivindicativo acotado se ha convertido en una crisis social de primer orden que ha desbordado al Gobierno de Emmanuel Macron. El presidente galo ha visto cómo las protestas estudiantiles se solapan con un clima de tensión social más amplio, en un contexto europeo marcado por la inestabilidad política y el auge de los discursos populistas.
Una crisis de orden público sin precedentes
Los datos oficiales dibujan un panorama preocupante. Desde el inicio del movimiento, 215 adolescentes han resultado heridos, según el Ministerio de Educación, y más de 700 miembros de las fuerzas de seguridad han sufrido lesiones, de acuerdo con los servicios del primer ministro. El Ministerio del Interior reconoce que la violencia se está «recrudeciendo» y ha identificado a los responsables de los incidentes más graves como grupos organizados que se infiltran en las marchas pacíficas. La IGPN, la policía de la policía, ha abierto 18 investigaciones internas por presuntas brutalidades policiales desde finales de septiembre, incluyendo el caso de un adolescente de 15 años que perdió una mano por el impacto de una granada de dispersión, lo que obligó al Gobierno a prohibir el uso de granadas fumígenas en manifestaciones.
Francia se enfrenta así a una de las crisis de orden público más graves de los últimos años, con un movimiento estudiantil que no da señales de retroceder y un Ejecutivo que busca desesperadamente un equilibrio entre la firmeza policial y la respuesta a las demandas educativas. La jornada del 13 de octubre, con una nueva huelga nacional convocada, se perfila como el próximo gran test para la capacidad del Gobierno de contener una marea social que, por ahora, no tiene visos de amainar.

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