31 de agosto de 2026

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La OTAN eleva un 250% sus alertas en el Báltico mientras Polonia intercepta el octavo avión espía ruso del año

El ministro de Defensa polaco denuncia que Moscú «pone a prueba» los sistemas aliados con vuelos sin transpondedor ni plan de vuelo, en una escalada que mantiene en vilo al flanco este de la Alianza

VARSOVIA / BRUSELAS, 31 de agosto de 2026. – Los cazas de la Fuerza Aérea polaca han interceptado este lunes un avión de reconocimiento ruso IL-20 que sobrevolaba el mar Báltico a 30 kilómetros al norte de la localidad de Łeba, sin plan de vuelo registrado y con el transpondedor apagado, una práctica que las autoridades de Varsovia califican de «provocación deliberada».

El ministro de Defensa de Polonia, Władysław Kosiniak-Kamysz, confirmó la interceptación en un mensaje publicado en la plataforma X: «Rusia, una vez más, ha puesto a prueba nuestros sistemas de disuasión y defensa aérea». El responsable polaco precisó que no se produjo ninguna violación del espacio aéreo nacional sobre el Báltico, aunque subrayó que la maniobra de identificación visual del aparato —que operaba con su transpondedor desactivado— complica el tráfico civil al ocultar información como el código de la aeronave, su altitud y la ruta prevista.

La octava interceptación del año

El incidente de este lunes se suma a una secuencia de situaciones similares que se han intensificado en los últimos meses. Según fuentes del Ministerio de Defensa polaco, esta es al menos la octava interceptación de un avión de reconocimiento ruso IL-20 —conocido por la OTAN como «Coot-A»— en lo que va de año. En marzo, cazas MiG-29 polacos ya habían interceptado un avión espía ruso; el 8 de abril, fueron F-16 polacos y Rafale franceses los que escoltaron a otro IL-20; y el 23 de abril, Polonia interceptó dos cazas rusos Su-30.

El mes de julio fue especialmente activo: durante tres días consecutivos, se produjeron múltiples intercepciones de aparatos rusos —tanto aviones espía IL-20 como cazas Su-30— procedentes todos ellos de la base rusa de Kaliningrado, el exclave ruso en el mar Báltico. Ya en agosto, el día 3 y el 4 se registraron nuevas interceptaciones a 60 y 56 kilómetros de la costa polaca, respectivamente.

La OTAN dispara sus despegues de alerta

El incremento de la actividad aérea rusa en el Báltico ha obligado a la OTAN a reforzar su dispositivo de Policía Aérea en el flanco oriental. Según datos difundidos por el Comando Aliado Conjunto de Brunssum (JFC Brunssum), la Alianza ha aumentado más de un 250% sus despegues de alerta durante el último año —comparando julio de 2025 con julio de 2026— en respuesta al aumento de vuelos de aeronaves militares rusas en las proximidades del espacio aéreo aliado.

Fuentes del mando aliado explicaron que las aeronaves rusas han realizado reiteradamente vuelos próximos al espacio aéreo de la OTAN sin plan de vuelo y con los transpondedores apagados, una situación que obliga a mantener cazas en alerta permanente para responder rápidamente. El incremento de las misiones de alerta constituye así un indicador de la creciente carga operacional sobre los sistemas de vigilancia y las unidades de combate de la Alianza en la región.

Participación española en las misiones de vigilancia

En este contexto, España no ha sido ajena al dispositivo aliado. Durante los últimos meses, cazas EF-18M del Ejército del Aire y del Espacio desplegados en el Báltico han participado en misiones de interceptación de aeronaves rusas, incluyendo cazas Su-30SM2. Estos despliegues forman parte de las operaciones de Policía Aérea de la OTAN, activas desde la incorporación de Lituania, Letonia y Estonia a la Alianza en 2004, y que tienen como objetivo mantener una capacidad permanente de vigilancia y respuesta en el flanco oriental.

Un patrón de «guerra híbrida» en el Báltico

Los analistas militares consultados por este diario coinciden en señalar que los vuelos rusos sin identificación responden a un patrón de «guerra híbrida» que combina inteligencia electrónica, prueba de los sistemas de defensa aliados y presión psicológica sobre los países del flanco este. El ministro Kosiniak-Kamysz ya calificó en agosto los vuelos rusos como «actividades de carácter provocador» contra los aliados occidentales, mientras que su viceministro, Cezary Tomczyk, advirtió en abril de una «respuesta inmediata de la OTAN ante la próxima violación de seguridad».

El IL-20, un avión de reconocimiento electrónico y de señales de diseño soviético derivado del IL-18, es utilizado regularmente por Rusia para recopilar inteligencia de comunicaciones y electrónica en el Báltico. La práctica de volar sin transpondedor ni plan de vuelo —que comenzó a intensificarse tras la invasión rusa a gran escala de Ucrania en febrero de 2022— impide su identificación en los radares civiles y obliga a los cazas de la OTAN a realizar interceptaciones visuales, una maniobra que, aunque rutinaria, conlleva riesgos operacionales en un espacio aéreo saturado de tráfico civil y militar.

Moscú guarda silencio

Por el momento, el Ministerio de Defensa ruso no ha emitido declaración oficial sobre la interceptación de este lunes, en línea con su práctica habitual de no comentar este tipo de incidentes. Fuentes diplomáticas en Bruselas señalaron que la Alianza mantiene canales abiertos con Moscú para evitar malentendidos, aunque reconocen que la creciente frecuencia de estos encuentros eleva la tensión en una de las fronteras más sensibles de Europa.

El próximo Consejo de la OTAN, previsto para mediados de septiembre, abordará previsiblemente el incremento de la actividad aérea rusa en el Báltico y la necesidad de reforzar aún más el dispositivo de Policía Aérea en el flanco oriental, donde la línea entre la disuasión y la provocación parece cada vez más fina.


Información elaborada a partir de fuentes oficiales, declaraciones de la OTAN y agencias EFE, Europa Press y Reuters.

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